¿… y qué rol cumplen las organizaciones del Norte global en el desarrollo de un movimiento de solidaridad eficaz?

La masacre durante el ataque de Hamas el 7 de Octubre del 2023 y el subsiguiente genocidio llevado adelante por las fuerzas militares de Israel, encuentran sus razones en la historia del conflicto entre palestinos y sionistas pero también en cuestiones económicas actuales. Este contexto económico global no puede ignorarse a la hora de desarrollar una estrategia de lucha, especialmente desde los movimientos de solidaridad del Norte global. A un año del comienzo de este capítulo, y lejos del final, nos toca situarnos históricamente para repensar nuestras tácticas con el fin de que sean más eficaces.
Antes que nada debemos ubicarnos históricamente y geográficamente
Luego de la guerra de los seis días en 1967 Israel ocupa territorios que eran reconocidos por la comunidad internacional como pertenecientes a Palestina, Siria, Egipto y Jordania. Ocupa la península de Sinaí (que devuelve en 1982 a Egipto), la franja de Gaza (que devuelve recién en 2005 a la Autoridad Nacional Palestina), los altos del Golán (Siria) y Jerusalén Oriental, los cuales han sido incorporados a territorio israelí de forma definitiva, y finalmente establece una administración militar en la mayoría del territorio de Cisjordania (Palestina).
Luego de los acuerdos de Oslo en los noventas, se crea la Autoridad Nacional Palestina (ANP) que rige sobre Gaza y parte de Cisjordania. En la franja de Gaza, considerado internacionalmente como un territorio bajo control militar israelí, gobierna Hamas, una agrupación militar y política islamista sunita. En los pocos territorios no controlados por las fuerzas armadas de Israel en Cisjordania, por su parte, el gobierno está en manos de Fatah, una organización política nacionalista que surge en el marco de las luchas anti-imperialistas en los años 60 y una de las promotores de los acuerdos que reconocieron los dos Estados.
Así, la existencia de Israel no está puesta en duda ni por sus aliados ni por sus enemigos, ni militarmente ni políticamente. Desde los acuerdos y la instauración de la ANP la discusión política es cómo terminar con la política colonial del Estado de Israel para con los territorios anexados o bajo su control directo u indirecto. Al mismo tiempo existen sectores conservadores tanto del lado palestino como en Israel que no aceptan la validez de estos acuerdos y proponen una salida militar “definitiva” al problema. Netanyahu y su partido pertenecen a este ultimo grupo.
Líbano: parte de los objetivos coloniales
En 1982 Israel invade el Líbano con la excusa de luchar contra las milicias de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP, grupo político vinculado a Fatah y a otras fuerzas políticas independentistas palestinas), iniciando una ocupación que durará hasta el año 2000 y que tendrá como resultado la masacre de decenas de miles de refugiados y civiles y la destrucción casi total de la infraestructura del país. La paz dura poco, ya que en 2006, luego de una incursión de Hezbollah, que controla el Sur del Líbano y la zona montañosa del este del país, Israel vuelve a bombardear el país destruyendo la principal infraestructura sobreviviente.
Líbano una ex-colonia francesa es un país con una gran diversidad religiosa que se traduce en la política del país y que sufrió una cruenta guerra civil que duró gran parte de los años 70 y los 80. Entre las fuerzas políticas presentes se encuentra Hezbollah, una agrupación política chiita que incluso tiene asientos en el parlamento, pero con una fuerte rama militar de unos 100.000 soldados apoyada por Irán, la principal potencia chiita a nivel global.
Pero ¿por qué ahora estalla una nueva guerra en la región?
Podríamos rastrear el origen de la actual guerra al ataque de Hamas del 7 de Octubre de 2023, pero consideramos que un análisis más preciso se hace poniendo el foco en la campaña de ataques sistemáticos de Israel sobre las poblaciones de Gaza y Cisjordania, su política de desplazamientos forzados y los bombardeos sistemáticos sobre Siria o Irak.
Desde el inicio de la primavera árabe en 2011 la agresividad de Israel sobre sus vecinos ha ido en aumento, principalmente debido a la inestabilidad de los gobiernos de Siria e Irak y la posibilidad de solucionar el “problema palestino” sin represalias de sus vecinos. Mientras tanto, Israel se ha posicionado como un aliado fuerte de milicias islamistas en diversos países de la región y ha realizado ataques sobre objetivos militares en toda la región.
Un dato no menor para entender el proceso es el avance de Israel en la firma de convenios con algunos países árabes como Egipto y Emiratos Árabes Unidos, y sobre todo la intención declarada de firmar un convenio de entendimiento con Arabia Saudita. Esta nueva posición de Israel como un hegemón regional mermó la posibilidad de que la causa Palestina sea defendida por sus históricos aliados.
Por su parte Israel ve peligrar su posición en el mundo de continuar la inestabilidad en “sus” territorios. El descubrimiento de yacimientos de hidrocarburos en las costas del Líbano por parte de empresas israelíes y la propuesta de un camino de mercaderías paralelas al proyecto chino de la “nueva ruta de la seda”, el IMEC (India-Middle East-Europe Economic Corridor) que une las fábricas de la India con Europa pasando por el territorio israelí, ponen aún más presión por solucionar definitivamente la inestabilidad que representan lxs palestinos y las fuerzas islamistas. Sabiendo esto, Turquía ha manifestado su interés en reemplazar a Israel en estos corredores comerciales proponiendo que la ruta comercial entre Asia y Europa pase por Istanbul, exponiendo que Israel no es suficientemente seguro.
Esta combinación entre IMEC y cuenca gasífera, permitirían posicionar a Israel como un exportador de hidrocarburos a Europa al mismo tiempo que el gendarme de la afluencia de productos de Asia hacia Europa. Desde la guerra en Ucrania, Europa presiona por alternativas a las rutas comerciales y de hidrocarburos que provienen de Asia pasando por Rusia y Europa oriental.
Es este contexto el que explica que estemos frente a una nueva guerra en Oriente Medio.
¿Cómo sigue esto?
EEUU se plantea la alianza incondicional con Israel, pero no está dispuesto a pagar el precio de una guerra abierta con Irán con las implicancias económicas que eso tendría para un mundo ya golpeado por la guerra en Ucrania.
Si bien es una realidad que el gobierno de Israel se fortalece ante el aumento de un discurso belicista y xenófobo, también aumenta el peligro de una confrontación abierta con Irán. Este último no es un país destruido por las guerras civiles o dominado por colonos armados, es una potencia nuclear.
Por su parte Rusia, mantiene una postura ambigua. Tiene muy buenas relaciones con Irán pero no con los grupos islamistas que ésta financia; al mismo tiempo mantiene también buenos vínculos con Israel. Difícilmente Putin se involucre abiertamente en el conflicto en Medio Oriente.
Europa es la que más tiene para perder en este conflicto, con una economía golpeada por el error estratégico de la guerra en Ucrania y con diferentes posturas frente al tema.
Visibilizar el genocidio, acentuar la eficacia
La situación actual nos plantea una cruda realidad: ningún poder internacional va a activar las procesos necesarios para frenar la limpieza étnica que esta llevando adelante Israel. Los intereses económicos, políticos y geopolíticos que unen al imperialismo de EEUU y Europa con el poder en Tel Aviv van a prevalecer por encima de los llamados “valores occidentales”.
La única posibilidad de frenar esto es construir una fuerte alianza popular y de izquierda que se posicione, como lo hizo durante la segunda mitad del SXX, del lado de la lucha palestina y en contra de las formas imperiales. Esto implica fortalecer las organizaciones que ya existen pero también crear nuevos frentes al calor del contexto actual. Estos nuevos frentes pueden y deben apelar a sectores más amplios de la sociedad, desarrollando acuerdos mínimos, pero también tienen el deber de luchar contra la criminalización de las protestas anticoloniales y mayoritariamente no alemanas. El ascenso de la extrema derecha y la derechización general de los discursos les impone esta tarea.
Es necesario aumentar la visibilidad de nuestros reclamos, identificar los nodos de sentido y también materiales desde donde se construye la estructura que permite el apoyo del genocidio en Palestina. Romper el cerco mediático o mejor dicho el silencio cómplice de los grandes medios de comunicación es una de las tareas para influenciar en la opinión pública, al mismo tiempo que es clave desarrollar nuevos espacios de acción: la universidad, las fabricas, nuestro espacio de trabajo, las reuniones familiares y de amigxs; todo es un terreno en disputa. Debemos expandir el debate, expandir la zona de influencia y también el campo de acción. La creatividad, siempre, debe ser una propiedad de la izquierda.
Con esto no queremos decir que debamos perder nuestra presencia callejera, sino más bien tener en consideración las energías con las que contamos y la eficacia de nuestras acciones. Es clave, en este punto, encontrar una balance entre no perder la calle y al mismo tiempo aumentar los niveles de visibilidad. Salir a la calle sin otro objetivo político más que el de librar la furia que nos genera presenciar un nuevo exterminio es una saludable manifestación de humanidad y empatía, pero lamentablemente no es suficiente y puede llegar a ser incluso contraproducente a la hora de frenarlo. Es clave desarrollar un proyecto estratégico detrás de las manifestaciones callejeras.
En esta lucha las organizaciones y les activistas en el Norte global cumplen un rol clave ya que es desde allí en donde se definen los destinos de millones de personas no solo en Oriente Medio sino en todo el mundo. Allí es que como organizaciones de izquierda popular realizamos un llamado a una mayor coordinación de los diferentes niveles de acción, de lucha y de organización. No nos interesa imponer nuestra línea, sino hacer un llamado a la re-invención de las luchas que se están llevando adelante. No es necesario volver a inventar, existen cientos de ejemplos históricos que nos pueden servir como ejemplo a la hora de intervenir en la realidad dramática que vivimos, como lo es el caso de Sudáfrica y su lucha contra el sistema de apartheid. Como una forma de frenar la deshumanización total que vivimos pero también como una plataforma para construir una forma de pensar la política que de nacimiento a una nueva sociedad.
