Cartitas desde el Anáhuac, por Xoch.

Pareciera que ha pasado un largo, largo, tiempo desde la llegada del convicto abusador sexual, Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, pero no, apenas se han cumplido cuatro meses. Cuatro meses que desde acá, México, se sienten aún más. Son cuatro meses de un Trump 2.0 más errático, más -abiertamente- racista, más insolente, más autoritario y más fascista. Un Trump que gobierna como si fuera el protagonista de un reality show, haciendo de cada orden ejecutiva que firma, un espectáculo de mal gusto, como lo es, la tele basura que habitualmente se produce en su país.
En días recientes, se filtró en la prensa la intención del Departamento de Seguridad Nacional, de aquel país, de llevar a cabo un concurso televisado en el que lxs participantes, -ojo-, migrantes, compitieran en una serie de retos para obtener, como máximo premio, la ciudadanía estadounidense. Una verdadera aberración de propuesta, pereciera, salida de un capítulo de Black Mirror. Kristi Noem, la repudiable titular de dicho departamento, es también, la protagonista de comerciales transmitidos en cadenas de televisión y redes sociales, en donde amenaza a toda persona que se atreva a poner un pié en su país de manera ilegal, «te vamos a buscar y te vamos a deportar». Una despreciable producción propagandística en donde se equipara a las personas en situación de movilidad con narcotraficantes y delincuentes. Anuncios que también han sido retransmitidos en México, a través de la redes e incluso, llegando al horario prime del medio tiempo de los partidos de la Liga Mexicana de Fútbol el mes pasado. Acto que provocó que la presidenta Claudia Sheinbaum, enviara un proyecto de ley para prohibir toda propaganda política extranjera en los medios mexicanos.
Al trumpismo, la retórica anti migrante, le fue, le ha sido, y le serguirá siendo, oro puro para asegurar su capital político: el voto blanco y el voto rural. Esta narrativa de odio anti mexicano, -al ser la primera minoría, pero que envuelve al resto de latinoamericanxs e hipano y luso parlantes, llamadxs allí «Hispanics»–, nos convierte en el chivo expiatorio, y nos achaca la responsabilidad de la crisis de violencia por las armas, de vivienda, de drogadicción y de empleos mal remunerados en EE.UU. Todas éstas, problemáticas generadas por las décadas de políticas de desmantelamiento de lo público y de privatización de los servicios y de la vida misma, gracias al neoliberalismo rapaz y de extrema desigualdad, del llamado país líder del «free world».
Los decretos del odio
Donald Trump ha gobernado a golpe de órdenes ejecutivas a contentillo, y gobernar de esta manera, a decretazos, le ha permitido la ejecución inmediata de las órdenes que firma, haciendo un bypass al Congreso de aquel país -aún teniendo mayoría republicana-, y ganando tiempo, en caso de una eventual invalidación proveniente de algún tribunal federal o la Corte Suprema.
Algunas de estas órdenes son tan ridículas y absurdas como aquella para cambiar el nombre del Golfo de México por «Golfo de América», y otras tan preocupantes, como el indulto a los golpistas y neonazis de la toma del Capitolio en 2021; dando un claro mensaje de impunidad a todo acto cometido por sus segregacionistas seguidores. Algunas otras órdenes son muy preocupantes, como las relacionadas con el medio ambiente, como la firma de la salida de EE. UU. de los acuerdos de París, o el incentivo a la industria del carbón y al fracking. Otras tantas, que amenazan los derechos de las personas LGBTQ+ como aquella que solo reconoce el género masculino y femenino e impide que las personas trans tengan una vida digna, y otras que amenazan las libertades civiles, como la que prohíbe la enseñanza de la «teoría crítica de la raza», o la orden para deportar a lxs estudiantes universitarios extranjerxs que participen en las protestas en contra del genocidio en Gaza. Y un largo etcétera.
Trump, en su abierta guerra verborreica contra lxs migrantes, ha firmado decretos directamente en contra de la dignidad de nuestrxs paisanxs. Como la racista orden ejecutiva para limitar la ciudadanía por nacimiento, instruyendo a las agencias federales a que se nieguen a reconocer la ciudadanía de lxs niñxs nacidxs en EE.UU. que no tengan al menos unx de sus sadres con ciudadanía estadounidense o residencia permanente legal. Decreto que por el momento se encuentra en disputa en tribunales federales por ser inconstitucional.
También, la declaratoria del estado de emergencia en la frontera con México, con la excusa de enfrentar la crisis del fentanilo y la supuesta «invasión masiva» de «criminal illegal aliens» -aunque, la gran mayoría de lxs migrantes llegan en avión y se quedan en EE.UU. cuando su visa expira-. Acción ejecutiva, que permitió un despliegue inmediato de tropas y recursos multimillonarios para aumentar la vigilancia biométrica en el muro y las vallas que dividen a los dos países, al estilo Cisjordania, y así, dotar con más equipamiento militar de última tecnología a sus agentes fronterizos -por cierto, mucha de esa tecnología proviene de empresas israelíes-. Aumentando, aún más, los riesgos de las personas en situación de movilidad de mayor precariedad; quienes intentan cruzar a pie, ya que se les obliga, de esta manera, a buscar nuevas y más peligrosas rutas a través del mortal desierto y del río Bravo.
Otro decreto dirigido a nosotrxs, es aquel que dispuso que, no solo la infame Immigration and Customs Enforcement (ICE), sino toda fuerza federal, pueda llevar a cabo operativos y redadas en contra de lxs migrantes sin papeles, persiguiéndoles en sus barrios, lugares de trabajo y lugares de ocio y culto; para enviarles a centros de detención. Acciones han estado acompañadas de un despliegue mediático y discursivo, de extremo racismo en contra de nuestra gente, criminalizando a las personas por el idioma que hablan, por su color de piel, o por el trabajo que hacen, en la búsqueda de un sustento para sus familias. Y que también, ha dado paso a un clima que nos recuerda a la Alemania nazi, con vecinxs denunciando a sus vecinxs migrantes, como lo hacían los nazis con sus vecinxs judíxs.

Trump, firmó también, una orden para catalogar a las bandas delincuenciales Mara Salvatrucha, y la venezolana, Tren de Aragua, ambas con presencia en EE.UU., y a distintos cárteles de droga mexicanos; como organizaciones terroristas. Acto que le ha permitido deportar sin delito, ni debido proceso, ni juicio alguno; a cientos de migrantes centroamericanos y venezolanos al Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), en El Salvador. Ese centro de detención y de tortura, que sirve ahora como ofrenda del dictadorzuelo Nayib Bukele a Donald Trump. Un CECOT que materializa la subrogación y comercialización de la política carcelaria yanqui, y que ni las cámaras de FOX News y CNN, y que ni los celulares de cientos de influencers que han hecho un whitewashing del represor Bukele y su modelo carcelario; han podido ocultar las flagrantes violaciones a los derechos humanos que ahí se cometen 24/7.
Además, con dicho decreto, la legislación estadounidense permitiría un eventual intervencionismo económico y militar, y el posible envío de drones y tropas a territorio mexicano, bajo el pretexto de combatir a los «cárteles terroristas» -situación tan anhelada por la derecha mexicana-. Cárteles mexicanos que producen o trasiegan la droga que las propias instituciones estadounidenses, como la DEA, ayudan a distribuir, o hacen como que no ven que se distribuyen; a lo largo y ancho de su territorio. Un país que consume la droga en cantidades industriales, en cuyos grandes núcleos urbanos, se ha agravado la crisis de drogadicción que tienen en sus barrios más empobrecidos.
La amenaza regional de las derechas

En la configuración geopolítica actual de la región latinoamericana, las derechas han adoptado distintos niveles de servilismo ante Trump, con algunos casos que son más conocidos, como los de la triada del mal, compuesta por los paradigmáticos y despreciables patiños, Milei de Argentina y Noboa de Ecuador, y el ya mencionado Bukele, quien le ha sido útil, específicamente, en materia migratoria.
Otros casos, son menos conocidos como el del presidente dominicano, Luis Abinader, más discreto, pero igual de alarmante, quien ha impulsado una serie de políticas migratorias miserables que se asemejan a las trumpistas, con el mismo nivel de odio y de racismo. Por ejemplo, enviando a agentes de migración a hospitales, cuyo objetivo, es la detención de madres hatianas con sus hijxs recién nacidxs, para luego deportarles. Este lacayo, haciendo un Trump, declaró a las pandillas haitianas como organizaciones terroristas, dando paso a un plan de deportaciones masivas, y ha dado inicio, también, a la construcción de un muro entre Haití y su país.
Otras derechas, latinoamericanas, aún estando en la oposición, representan una amenaza constante para la desestabilización de los gobiernos progresistas en el ejercicio del poder, como en Brasil, en donde el bolsonarismo sigue vivo, o en México, donde el recién nombrado embajador yanqui -ex boina verde y ex embajador en El Salvador de Bukele-, ha sido recibido por la ultra derecha, con la apuesta de ejercer una oposición poderosa ante el gobierno de Sheinbaum. También, se encienden las alarmas en los países en donde las elecciones presidenciales se acercan, como en Chile y Honduras este año, y Colombia el próximo. Comicios electorales que podrían alterar la actual balanza «progre» latinoamericana. Estos comicios se verán marcados por el intervencionismo de una internacional derechista bien financiada y articulada desde Washington, y ávida por imponer a sus candidaturas.
La dignidad de nuestros pueblos
En los primeros días de Trump 2.0, presenciamos una indignante y televisada cacería de migrantes, quienes fueron deportadxs vía aérea, llevándoles esposadxs, tratándoles cual delincuentes. Y por supuesto, sin mayor condena de las derechas rancias latinoamericanas, ni de los gobiernos del norte global, como el alemán o el de la Unión Europea. La retórica republicana y trumpista, hace de lxs migrantes el chivo expiatorio día con día, y en especial, cada que hay elecciones en aquella plutocracia. Ante las condiciones actuales de la economía gringa, con cada vociferación de Trump en su juego arancelario, el incremento del costo de la vida, la inevitable recesión, la violencia de las armas y los tiroteos a diario, los altos niveles de drogadicción, y las décadas de políticas neoliberales, que han incrementado la desigualdad y la pobreza y terminado con todo servicio público; han decidido -como en Alemania-, culpar a quien les tiene el alimento y los servicios en la mesa: lxs migrantes.
Ante la oleada trumpista fascista, debemos solidarizarnos más que nunca con nuestrxs hermanxs migrantes en aquel territorio, cuya economía se mueve gracias a la explotación de su mano de obra. Son nuestrxs paisanxs quienes trabajando en el campo, en las cocinas, en las granjas, en las fábricas, en los cuidados; hacen que aquel país se movilice.

También, solidarizarnos con lxs deportadxs, y sus familias separadas. Con todas aquellas madres y padres de familias migrantes, que se arriesgan todos los días al salir a trabajar, para darle a sus hijxs una vida digna, y que nos recuerda el «uno se queda aquí, otro se queda allá…todo por salir a trabajar» de la desgarradora canción «ICE el hielo»,de la banda migrante de Los Ángeles, La Santa Cecilia.
Solidarizarnos con lxs que no pudieron cruzar el muro, con quienes se quedaron en la frontera de lado mexicano, con quienes han sido víctimas de las mafias y el crimen organizado, y también víctimas de las policías y agentes de migración en México.
Solidarizarnos con quienes están presos en los campos de detención de migrantes en Texas y en otros estados, incluidas infancias con sus madres, infancias no acompañadas, ancianxs y muchxs jóvenes.
Solidarizarnos con quienes, a pesar de su estatus migratorio, han salido desde el día uno del gobierno de Trump a las calles, arriesgándose a ser detenidxs, a ser deportadxs, a ser reprimidxs, y que han unido sus banderas junto a las palestinas, ondeándolas en solidaridad y ternura, en un acto de lucha por la dignidad de nuestros pueblos hermanados.

19 respuestas a «Trump 2.0: cuatro meses de odio a lxs migrantes»
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