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Feminismos (es)

La fiesta de las amigas en nuestra Casa Popular

La centralidad de la amistad, la comunidad y el orgullo internacionalista

Un encuentro con Mana Muscarsel Isla

El pasado sábado 19 de julio recibimos en nuestra Casa Popular Marielle Franco a Mana Muscarsel Isla, con la excusa hermosa de la presentación de su libro La fiesta de las amigas. Un libro que nos invita a abrir la imaginación política y afectiva para repensar nuestras relaciones, los cuidados y los modos en que el capitalismo cisheteropatriarcal organiza la vida. Mana nos propone la amistad y la fiesta no como simples “alternativas”, sino como formas potentes de desorganizar lo dado, de ensayar lo común y de afirmar la centralidad de vínculos que no se dejan reducir al mandato de la pareja.

Fue un encuentro íntimo y profundamente político, donde migración, afectos, amistad y orgullo internacionalista se entrelazaron en la conversación. Alrededor de 25 personas compartimos un espacio de conversatorio, con intervenciones que hicieron circular experiencias, dudas y propuestas. Como nos dijo la propia Mana después: “Me gustó del evento y del encuentro la cantidad de personas diferentes con experiencias diferentes y necesidades diferentes teniendo en común la migración, lo que enriqueció la charla sobre el libro aportando otras dimensiones. La gente se animó a hablar y compartir y creo que la mayoría terminamos pensando algo nuevo, poniendo en duda o preguntándonos algo y eso es hermoso”.

Durante la conversación apareció con fuerza la forma en que este sistema nos moldea desde niñes: cuando sos peque se espera que tengas muches amigues, que el juego y la compañía sean centrales; en la juventud, las amistades siguen teniendo un lugar importante. Pero a medida que crecemos, el mandato cambia: se espera que la “relación seria” sea la de la pareja —idealmente heterosexual— y que las amistades pasen a un segundo plano, como si fueran vínculos secundarios o pasajeros. Esta jerarquía no es inocente: sostiene el orden cisheteropatriarcal.

Un aspecto que se encuentra en el libro y que fue mencionado en el encuentro es como este moldeamiento hegemónico crea discursos homogeneizantes que a su vez crean políticas de cuidado en contraposición a lo diferente. Es decir, se nos quiere hacer creer que solo lo que aparenta ser homogéneo o igual es lo que merece ser cuidado, y lo diferente, lo que se construye desde la otredad, odiado o temido.

También hablamos de cómo los derechos migratorios, de vivienda o de salud continúan atados a la condición de pareja. No se puede migrar para acompañar a une amigue, ni compartir con elles los beneficios de un sistema que solo valida a la pareja nuclear como proyecto de vida. Esta exclusión es una forma de violencia estructural, que limita nuestras formas de vivir, cuidarnos y sostenernos mutuamente.

Desde ahí, varias intervenciones apuntaron a la necesidad de reivindicar la centralidad de las amistades, no sólo como sostén cotidiano, sino también como horizonte de futuro: pensar en planes, proyectos y redes que no dependan de la pareja como única vía de legitimidad. Y también hablamos de cómo estas limitaciones del sistema están muchas veces enraizadas en nosotres: es necesario trabajar para ser creatives e imaginar otras formas de vivir, más que buscar “la forma correcta” de hacerlo. A veces la pareja funciona, a veces no. Lo importante es plantear la duda, abrir el espacio a modelos alternativos de vida y, sobre todo, reconocer la centralidad de las amistades como un acto transformador.

Las conversaciones nos llevaron además a reflexionar sobre la maternidad y los cuidados. Dentro del modelo de pareja nuclear, muchas veces la maternidad se vuelve insostenible: la carga se concentra en pocas personas y reproduce desigualdades. Repartir los cuidados de manera justa requiere redes más amplias y colectivas, y abrir la imaginación a vínculos y modos de vida que no estén subordinados al mandato del sistema.

Otro aspecto destacado fue la horizontalidad del espacio. La conversación no se estructuró en torno a preguntas-respuesta, sino como un tejido donde diferentes experiencias —desde la migración hasta el sentir queer y lésbico— se entrelazaron y encontraron puntos en común. Ese cruce nos recordó que nuestras luchas no son asuntos aislados: que cuando compartimos desde lo vivido, no solo nos enriquecemos, también abrimos caminos desde la unidad de lo disidente, lo migrante y lo comunitario que hoy son imprescindibles para hacer frente al avance de las derechas y la mercantilización de nuestras vidas.

Y porque lo político también se vive desde el disfrute, luego del conversatorio hubo espacio para jugar y divertirnos: entre todes rompimos una piñata a la que le fuimos colgando carteles con los elementos de este sistema capitalista cisheteropatriarcal que nos limitan. Con cada golpe y cada risa compartida fuimos rompiendo simbólicamente ese cerco. Después seguimos escuchando música, bailando y compartiendo un rato descontracturado que reafirmó lo que venimos defendiendo: que el goce también es parte de nuestra resistencia.

Este evento se realizó en el marco del Mes del Orgullo Internacionalista, con el que afirmamos nuestro grito: Ni clósets ni tanques: resistencia disidente y existencia colectiva.1 Para nosotres, el Orgullo Internacionalista es mucho más que una marcha: es el posicionamiento concreto frente a un sistema que intenta fragmentarnos, mercantilizarnos o directamente exterminarnos. Lo vivimos en carne propia en nuestros países de origen, lo vemos en Alemania, y lo reconocemos en Palestina: la violencia contra los cuerpos disidentes no es un accidente, sino parte integral del engranaje del capitalismo patriarcal, colonial y racista.

Frente a eso, apostamos por seguir encontrándonos, bailando, pensando juntes, conspirando. Como decía Mana, la amistad es promiscua, y la fiesta es ese espacio de goce irreverente que nos recuerda que lo impredecible también es político.

Seguiremos defendiendo lo común, lo queer, lo migrante, lo internacionalista. Porque si algo nos enseñan estos encuentros es que no estamos soles, que nuestras luchas están entrelazadas y que, en medio del avance de las derechas y la mercantilización de nuestras vidas, todavía hay espacio para imaginar, crear y construir futuro desde la rebeldía colectiva y la ternura compartida.

Columna del Bloque Latinoamericano en el Internationalist Queer Pride Berlin 2025. Foto: Sam Aguirre
  1. https://bloquelatinoamericanoberlin.org/2025/07/21/ni-closets-ni-tanques-resistencia-disidente-y-existencia-colectiva/ ↩︎

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