
El primero de mayo combativo nos encuentra en un contexto de crisis generalizada, donde la cara más despiadada del capitalismo se muestra por lo que realmente es. Su máscara discursiva de protección a los derechos individuales y los supuestos beneficios del libre mercado se cae de forma estruendosa y revela una precarización exacerbada, límites cada vez mayores a nuestros derechos y el avance voraz de un imperialismo insaciable. Este escenario no es fragmentado: la ofensiva imperialista, el racismo sin fronteras y la precarización laboral son expresiones de una misma estrategia del capital para disciplinar y fragmentar a la clase trabajadora a nivel global.
En apenas los primeros meses del año, la intervención militar estadounidense en Venezuela, el bloqueo total a Cuba y los ataques a Irán nos dejan ver que el imperialismo ya no se disfraza de democracia. Lo que antes se justificaba con lenguaje de derechos humanos o “estabilidad regional” hoy se anuncia por lo que es: la intención de mantener al Sur global como patio trasero de las potencias hegemónicas, asegurando así el control geopolítico y el acceso a los recursos esenciales para la expansión del capital. Las herramientas que usa el capital para ello son cada vez más perversas, invasivas y letales. Pero el orden unipolar se agrieta porque los pueblos en resistencia no se doblegan y esas grietas son espacios que las clases trabajadoras del mundo debemos disputar y ensanchar.
En nuestra América Latina, el llamado transfronterizo liderado por Trump para combatir el narcotráfico, Escudo de las Américas, es una de estas herramienta del imperialismo disfrazada de cooperación internacional, diseñada en realidad para flexibilizar la presencia no soberana de tropas militares norteamericanas y darle rienda suelta a la experimentación con herramientas de control social. Bajo el pretexto del crimen organizado, se normaliza la militarización del territorio, se criminalizan las organizaciones populares y se instalan capacidades de inteligencia y vigilancia que solo sirven a los intereses de quienes tienen el poder y no pretenden soltarlo. Lo que se presenta como ayuda en seguridad es, en la práctica, la instalación de una infraestructura de control que puede activarse contra cualquier proceso de transformación social que amenace los intereses del capital.
Alrededor del mundo, aunque especialmente en Europa y Estados Unidos, la instrumentalización de la migración como enemigo número uno se ha convertido en un falso sentido común con el que proyectos de la derecha y ultra derecha movilizan a través del miedo y los nacionalismos exacerbados, justificando desde allí el recrudecimiento del control social y migratorio. Frente a esto, nos posicionamos no como víctimas de ese discurso, sino como parte de una clase trabajadora que se organiza para enfrentarlo.
El fortalecimiento en tiempo récord del aparato de control migratorio de ICE en Estados Unidos, con prácticamente cero contrapesos institucionales, y el recientemente aprobado “ICE europeo”, en una Europa donde la avanzada de partidos de ultraderecha y el corrimiento de los partidos centristas hacia posiciones cada vez más restrictivas empujan hacia allá a instituciones como el Parlamento Europeo, son ejemplo de ello. Estos proyectos habilitan la vigilancia masiva y el monitoreo indiscriminado de cuerpos racializados, migrantizados y quienes ejercemos la protesta social. Estas no son medidas aisladas, forman parte de la construcción deliberada de un Estado de excepción permanente donde los derechos democráticos se suspenden selectivamente, primero para les oprimides, las personas migrantes, las comunidades racializadas, las organizaciones políticas de izquierda, y luego, progresivamente, para el conjunto de la sociedad. El laboratorio de la represión siempre se inaugura en los márgenes y después se expande hacia todes quienes sean considerados amenaza para el capital.
El expansionismo del capital, los proyectos fascistas a nivel global y la precarización que dejan a su paso están fuertemente conectados. Lo que se prueba con el enemigo de “afuera” se vuelve después contra el de “adentro”. La táctica de dominación del capital se basa en la fragmentación, por lo que cada intento de crear alianzas que evidencien las injusticias migratorias, climáticas y de clase genera una respuesta violenta de la élite político-económica. Cada intento de establecer la solidaridad como base es recibido con represión y amenazas, trasladando la violencia del Estado desde la periferia (empobrecida, migrantizada y estigmatizada) hacia el centro (el progresismo liberal). El apoyo a Israel significa un aumento en la vigilancia y persecución de voces anti-genocidio y pro-Palestina; la indiferencia hacia la violencia estructural en los Estados Unidos significa la implementación de sistemas anti-inmigración violentos en ciudades europeas y latinoamericanas.
Lo que el victimario hace a quienes considera amenazas externas, cuando esa supuesta amenaza esté controlada, será exactamente lo que hará con quienes se conviertan en, con quienes siempre han sido, sus enemigos internos porque la crueldad del capital es, en realidad, la que no tiene fronteras.
Internacionalismo como horizonte político: Por una articulación internacionalista de las clases trabajadoras del mundo

Si algo nos enseña la ofensiva imperialista es que el capital actúa coordinado para garantizar su expansión a toda costa. Frente a esa articulación, la respuesta de las clases trabajadoras del mundo no puede ser fragmentada ni limitarse a lo nacional. Estamos en una coyuntura que nos recuerda que el internacionalismo es el horizonte político que posibilita la lucha contra el capital. Esa es nuestra consigna para este primero de mayo combativo, internacionalista y solidario.
Rosa Luxemburgo nos enseñó que el internacionalismo no es un gesto de solidaridad sino una condición estructural de la lucha anticapitalista: o la clase trabajadora actúa coordinada a escala global, o el capital la aplasta por separado. Esa lección sigue vigente hoy, y la hacemos nuestra. Ejemplo de esto es la plataforma Hände weg von Lateinamerika- Territorios en Resistencia (HwLA) que el Bloque Latinoamericano impulsa junto a otras organizaciones. Mucho más que una iniciativa de solidaridad humanitaria, es una demostración práctica de lo que significa construir internacionalismo, entendiendo que ningún pueblo puede transformarse en libertad bajo bloqueos, intervenciones e injerencias militares o económicas, y que la soberanía popular y autodeterminación de los pueblos es la precondición de cualquier proyecto revolucionario. A través de HwLA, buscamos, además, tejer coordinación política con organizaciones que comparten el mismo horizonte de transformación en este y otros territorios, además de incidir en la opinión pública de Alemania para ejercer presión para la terminación del bloqueo y de cualquier política imperialista estadounidense en Latinoamérica.
Desde HwLA, enviamos una delegación al Convoy Nuestramérica, cuyo objetivo fue gestionar el envío de ayuda humanitaria para romper con el bloqueo de seis décadas que impuesto por Estados Unidos y darle visibilidad a lo que está ocurriendo en Cuba. Desde Berlín nos sumamos a la iniciativa de recaudación para paneles solares destinados a hospitales cubanos, contribuyendo a la campaña Licht und Energie für Kuba, impulsada por compañeres cubanes con el apoyo de la plataforma HwLA. Durante nuestra participación en el Convoy, logramos articular y profundizar alianzas con distintas organizaciones internacionales con las que ya hemos desarrollado un vínculo, como el Centro Martin Luther King (Cuba), Poder Popular (Argentina), PSOL (Brasil), afirmando nuestra certeza de que el internacionalismo es el horizonte político que permitirá la liberación de los pueblos oprimidos.

Las redes de solidaridad y acción internacionalista coordinada son la respuesta popular al expansionismo imperial. Cuando los estados reprimen y los bloqueos asfixian, cuando las deportaciones se aceleran y la criminalización avanza, lo que nos queda es la capacidad de organizarnos como trabajadores del mundo y movimientos de izquierda para compartir experiencias de lucha, desarrollar alianzas tanto tácticas como estratégicas que nos permitan avanzar hacia horizontes en común, y generar narrativas movilizadoras que nos permitan articular movimientos multitudinarios.
Como parte también de los movimientos de izquierda en Alemania, afirmamos que el internacionalismo es una tarea colectiva y es parte esencial de nuestros proyectos de transformación social.
Frente a la precarización laboral, la articulación de nuestras luchas
Este primero de mayo nos encuentra en un mundo que tiene más presupuesto para matar que para cuidar. Que militariza fronteras y lo llama seguridad. Que recorta hospitales y guarderías y lo llama austeridad. Que alarga jornadas y elimina indemnizaciones y lo llama modernización laboral. Detrás de estas máscaras la realidad que se busca esconder es que la vida de les precarizades, racializades y explotades es desechable y vale menos que la tasa de ganancia de quienes nos explotan. Para que la expansión insaciable del capital se sostenga, este ha construido marcos legales, migratorios y políticos que garanticen mayor precarización y por lo tanto menor posibilidad de resistencia.
El resultado es un mundo donde la riqueza se concentra a velocidad récord mientras las condiciones de vida de la mayoría se deterioran. Desde 2020, los diez hombres más ricos del mundo duplicaron su fortuna mientras el 60% de la humanidad vio empeorar las suyas.1 La ironía que no pasa desapercibida es que mientras los más ricos se hacen incluso más ricos, y el norte global se arma hasta los dientes (Alemania aprobó en 2025 el mayor presupuesto de defensa desde la posguerra), la precarización de la vida aumenta de forma exorbitante para las clases trabajadoras. La inversión estatal no tiene límites para tanques, misiles y sistemas de vigilancia fronteriza que, además, están destinades para controlar y subyugar a cuerpos racializados, precarizados, migrantes. Tiene límite, sin embargo, para los servicios públicos esenciales para garantizar nuestra vida digna: el sector de cuidados, la salud pública, nuestras pensiones laborales para una jubilación digna.
En Alemania, el poder adquisitivo real de les trabajadores ha caído en los últimos años: los salarios no alcanzan a cubrir el alza del alquiler, los alimentos y la energía, y hoy cerca de 13 millones de personas en el país más rico de Europa viven en riesgo de pobreza2. En América Latina, avanza la precarización de forma desmedida mientras aumentan los proyectos neoliberales -Ecuador, El Salvador, Chile y Argentina son claros ejemplos de ello. En Argentina, por ejemplo, los salarios de empleades públicos estatales cayeron en 30% en el primer año de gobierno de Milei mientras aumenta el pluriempleo, especialmente para trabajadores de plataformas virtuales, mientras el Estado desmantela la educación pública, la salud y las políticas sociales, dejando a millones de familias trabajadoras sin red de protección3. En Ecuador, el gobierno de Noboa aprobó una reforma laboral que habilita jornadas de hasta 12 horas diarias, elimina indemnizaciones por despido y multiplica las modalidades de contratación precaria, deshaciendo décadas de conquistas del movimiento obrero ecuatoriano4. La clase trabajadora y les más desposeídes son siempre quienes pagan con su cuerpo y su vida los experimentos del capital.
Esa misma clase trabajadora es también instrumentalizada por el capital. Cuando la rabia por los salarios que no alcanzan, los alquileres que se disparan y los servicios públicos que se recortan necesita una dirección, el quienes concentran el capital se encargan de apuntarla hacia abajo y hacia afuera -hacia les migrantes. En Alemania, no solo la AfD, sino los demás partidos que compiten por votos, acuerdan en mayor o menor grado en ese relato: nos convierten en chivos expiatorios de una crisis que ellos mismos administran en beneficio del capital. Lo que ese relato oculta con cuidado es la otra cara del mismo sistema: Alemania nos necesita. Nos necesita trabajando en logística, en cuidados, en gastronomía, en construcción, en los sectores que, además, son los más precarizados, con menor organización sindical, en donde el estatus migratorio es usado como disciplina permanente.
Esa precarización tiene además una cara profundamente feminizada. La limitada infraestructura e inversión en el sector de cuidados en el norte global, incluyendo Alemania, demanda trabajadores, en su mayoría migrantes, que llegan a cuidar a les niñes y adultos mayores y aceptan condiciones de trabajo extremadamente difíciles. Elles, a su vez, dejan sus niñez y adultos mayores de su lugar de origen al cuidado de otras personas en situación también precarizada, siendo parte así de cadenas globales de cuidados que reflejan la crisis de cuidados a nivel mundial5. Les trabajadores migrantes que trabajan en el sector de cuidados en el norte global están lo hacen en malas condiciones laborales, a veces de forma ilegal o en condiciones precarias como el caso de muchas au pairs. En Alemania, cerca del 90% de les empleades doméstiques trabajan en situación irregular, muches bajo figuras donde el salario mínimo directamente no aplica6.
Las condiciones laborales precarizadas y límites a nuestros derechos a vivir de manera justa y digna no afectan únicamente a les migrantes, son mecanismos del capital para precarizar a la clase trabajadora en su conjunto. Cuando Tesla en Grünheide combate activamente la sindicalización de su planta, la amenaza implícita es siempre la misma: hay una cola de trabajadores, muchos migrantes, muchos sin estatus legal seguro, dispuestos a ocupar ese puesto de trabajo por necesidad. Cuando las grandes empresas de logística y construcción subcontratan a intermediarias que traen trabajadores de Rumania, Bulgaria o Polonia bajo contratos de sus países de origen, por lo que el salario mínimo alemán directamente no aplica, no solo sus condiciones no son dignas sino que les trabajadores alemanes del mismo sector non pueden negociar colectivamente sin que la empresa amenace con externalizar más. Cuando Gorillas y Getir despiden a repartidores que intentan organizarse, cuando Deliveroo y Uber clasifican como “autónomos” a trabajadores que no tienen otra opción que aceptar, experimentan con condiciones laborales precarizantes sobre los cuerpos de quienes tienen menos capacidad de resistir hoy, lo que quieren normalizar para toda la clase trabajadora. Cuando el capital opera con la amenaza permanente de reemplazar trabajadores organizades por migrantes sin derechos, los salarios de todes bajan y las condiciones de todes se deterioran para el conjunto de la clase trabajadora. Por eso, nuestra respuesta no puede ser la competencia entre trabajadores, sino la organización colectiva desde abajo.
Este primero de mayo, cuando reivindicamos nuestros derechos como migrantes, reivindicamos también los derechos de toda la clase trabajadora. Cuando exigimos el fin de los contratos que atan el estatus migratorio al empleador, estamos exigiendo que ningún trabajador pueda ser chantajeado con perder su derecho a quedarse si se organiza. Cuando exigimos condiciones y salarios dignos en los sectores de cuidados, logística y gastronomía, estamos exigiendo que el piso laboral de todes suba, no solo el nuestro. Cuando denunciamos el rompimiento de filas sindicales contra repartidores migrantes, estamos denunciando el modelo que el capital quiere normalizar para el conjunto del mercado laboral. Ampliar los derechos de les trabajadores más vulnerables, les migrantes, les racializades, es ampliar los derechos de la clase trabajadora en su totalidad.
Nuestras demandas

En este 1ro de Mayo combativo, internacionalista y solidario nos sumamos a las luchas de les trabajadores del mundo con nuestras demandas:
• ¡Nuestros cuerpos no son ilegales! Exigimos el fin inmediato de las deportaciones y la regularización de todas las personas migrantes. Ninguna persona es ilegal. Exigimos el acceso igualitario a derechos laborales, sociales y de residencia independientemente del estatus migratorio, incluyendo la desvinculación del permiso de residencia del contrato laboral.
• ¡El estado social no se negocia! Exigimos el acceso universal al Bürgergeld para todas las personas que viven y trabajan en Alemania, sin discriminación por origen o estatus migratorio. Las políticas de bienestar deben unir a la clase trabajadora, no dividirla. Ninguna persona debe quedar excluida de las redes de protección social que ella misma financia con su trabajo.
• ¡La protesta no se reprime! Defendemos la protesta y la organización política como derechos conquistados que no negociaremos. Denunciamos el uso de inteligencia artificial con fines bélicos y de vigilancia, ensayado primero sobre cuerpos migrantes y racializados, como una extensión del mismo capital que nos precariza. Nuestros cuerpos no son espacios de experimentación armamentística ni de control social.
• ¡Inversión en la vida – no en la guerra! Demandamos inversión prioritaria en los sistemas universales de salud y cuidados, y un aumento significativo del salario de todas las personas que trabajan en ese sector. Impuestos sobre el patrimonio y la desinversión de la industria armamentística son necesarios para financiar lo que realmente sostiene la vida. Un sistema en el que el trabajo de cuidados no tenga que someterse al paradigma de la eficiencia y la gestión de la miseria es un sistema donde la vida ocupa el centro.
¿Cuál es la tarea colectiva?
• ¡Organizar el poder popular migrante! Sostenemos que la perspectiva migrante es un eje articulador de las luchas de la clase trabajadora. Cuando reivindicamos nuestros derechos como migrantes, reivindicamos los derechos de todes les trabajadores, porque cada conquista en los sectores más precarizados fija el piso de derechos laborales del conjunto. Las organizaciones migrantes debemos fortalecer nuestra articulación para movilizar a la clase trabajadora migrante, así como los movimientos de izquierda en Alemania deben incorporar nuestra perspectiva y nuestras demandas como reivindicaciones propias.
• ¡Internacionalismo o barbarie! Afirmamos el internacionalismo como eje de los proyectos revolucionarios de transformación. Combatir al avance los proyectos imperialistas y fascistas requiere la solidaridad de las clases trabajadoras del mundo y, para ello, la articulación de los
movimientos de izquierda en todas las latitudes. La izquierda alemana puede, y debe, ser parte de esta reivindicación.
- https://www.oxfam.org/es/notas-prensa/la-riqueza-de-los-diez-hombres-mas-ricos-se-ha-duplicado-mientras-que-se-estima-que ↩︎
- https://www.dw.com/en/germany-news-13-million-living-at-risk-of-poverty/live-75779558 ↩︎
- https://argentina.indymedia.org/2026/03/10/los-datos-desmienten-el-relato-de-milei-sobre-salario-y-empleo/ ↩︎
- https://lalineadefuego.info/empresarios-en-busqueda-del-paraiso-laboral-juan-j-paz-y-mino/ ↩︎
- https://bloquelatinoamericanoberlin.org/2026/04/16/situacion-del-trabajo-de-cuidados-en-alemania/ ↩︎
- https://taz.de/Care-Arbeit-im-Kapitalismus/!5666757/ ↩︎
