Essen ist politisch

«Ökologie ohne sozialen Kampf, ist einfach nur Gärtnern» ♥ 

Chico Mendes

Eine der ersten Sachen, die uns lateinamerikanische Migrant*innen in Deutschland überrascht, sind die Supermarktregale voll mit Produkten aus unseren Herkunftsgebieten. Gleichzeitig beobachten wir eine wachsende Sensibilität für die Auswirkungen der Nahrungsmittelproduktion auf das Klima, für die Verschlechterung der Lebensqualität durch den Einsatz von Düngemitteln und Pestiziden und für die Zerstörung der Lebensräume von Mensch und Tier. Diese Bedenken wurden jedoch in eine Marktnische verwandelt, die von Konzernen kapitalisiert wird. Sie monopolisieren den Markt, indem sie Produkte vermarkten, die als «ökologischer» oder «gesünder» gelten. So bruhigen die Sorgen ihrer lokalen Verbraucher auf Kosten einer  Ausbeutungsstruktur.

Es fehlt also eine Reflexion über die Auswirkungen des derzeitigen agroindustriellen Produktionssystems auf Leben, Gesellschaft und Natur.

Der globale Lebensmittelmarkt funktioniert nach einer Dynamik, die für exportorientierte Regionen wie Lateinamerika schwerwiegende Folgen hat: Entwaldung und das Verschwinden kleiner und mittlerer ländlicher Ökonomien. Auch in Europa fördert das Produktionssystem die Zerstörung von Wäldern und das Vordringen von Monokulturen, wodurch Kleinbauer*innen verdrängt und der Klimawandel vorangetrieben wird.

Wie wird unsere Nahrung produziert?

In Berlin weiß man wenig über die Bedingungen, unter denen die Lebensmittel, die wir konsumieren, produziert werden. Damit meinen wir nicht nur die Verhältnisse in Lateinamerika oder Afrika, sondern auch jene auf diesem Kontinent und sogar ein paar Kilometer von Berlin entfernt, in den ländlichen Gebieten Brandenburgs.

Die Pandemie hat deutlicher denn je gezeigt, wie fragil die Nahrungsmittelkette in Deutschland ist, die zu einem großen Teil von Importen und der Arbeit von Migrant*innen aus Osteuropa und Lateinamerika, um nur einige zu nennen, abhängig ist, welche in prekären Verhältnissen bei den saisonalen Ernten arbeiten. 

Wie kommt das Essen nach Berlin?

Die Konzentration findet nicht nur in der Produktion statt, sondern auch im Vertrieb und in der Vermarktung, wo Unternehmen wie Lidl und Edeka ein Oligopol über den Vertrieb von Lebensmitteln haben und die Erzeuger*innen zwingen, zu niedrigen Preisen an ihre Franchises zu verkaufen.

Kleine und mittlere Produzent*innen, die an «bewusstere» Supermärkte wie Bio-Company und LPG verkaufen, müssen ihre Produkte oft wegwerfen, weil die Ästhetik der Lebensmittel nicht den Anforderungen der Verbraucher*innen entspricht. 

Bio-Supermärkte oder Supermärkte mit Regalen voller vermeintlich gesunder Produkte bieten keine Lösung für die Probleme der Bevölkerung und der Erzeuger*innen, und ihre Preise machen sie für Menschen mit geringem Einkommen unzugänglich.

Die Alternative ist nicht in «Bio»-Supermärkten zu kaufen.

Bei unserer Suche nach Alternativen dürfen wir nicht dazu beitragen, die gleichen Logiken von Produktion und Konsum aufrechtzuerhalten. Stattdessen sollten wir kollektive Wege der Ernährung entwickeln und fördern, die im Einklang mit der natürlichen und sozialen Umwelt stehen.

In Lateinamerika, aber auch in Deutschland, gibt es viele Beispiele, wie dies erreicht werden kann.

Die «Unión de Trabajadores de la Tierra» [etwa: Vereinigung der Arbeiter*innen der Erde] in Argentinien oder das Movimiento de los Trabajadores sin Tierra [etwa: Bewegung landloser Arbeiter*innen] in Brasilien sind ikonische Beispiele dafür, wie es möglich ist, nachhaltige Produktion in den Händen von Kleinproduzent*innen mit urbanem Konsum zu verbinden, der sich der aktuellen sozialen und ökologischen Probleme bewusst ist. Internationale Netzwerke wie Via Campesina [etwa: der bäuerliche Weg] zeigen, wie globale Alternativen geschaffen werden können, indem sie Ernährungssouveränität als Vorschlag für Autonomie und Dekommodifizierung von Nahrung ins Zentrum stellen. 

In Berlin und Brandenburg gibt es hunderte von solidarischen Wirtschaftskernen (SoLaWi) und Produktionsketten. Diese verteilen ihre Produkte einzeln, wodurch die Kosten der Verteilung in jeder SoLaWi internalisiert werden. Es ist mehr Koordination und Solidarität zwischen den Betrieben erforderlich. Auch in Berlin und anderen urbanen Zentren ist es notwendig, kooperative Formen des lokalen und regionalen Konsums zu organisieren.

Vom Bloque Latinoamericano glauben wir, dass es ohne alternative Formen des Landbesitzes, der Produktion und des Konsums keine wirkliche Veränderung geben kann. Wir bauen Verbindungen der Solidarität und des Austauschs zwischen dem Land und der Stadt auf, durch einen fließenden Kontakt mit ländlichen Produzent*innen, die um die ABL (Arbeitsgemeinschaft bäuerliche Landwirtschaft) assoziiert sind, und durch die Förderung von Punkten solidarischen Konsums im Rahmen des SolaWi-Netzwerks. Schließ dich uns an, um kollektive Formen zu finden, uns zu ernähren!

Comer es político

«la ecologia sin lucha social, es simplimente jardineria» ♥ 

Chico Mendes

Una de las primeras cosas que nos sorprenden a lxs migrantes latinoamericanxs al llegar a Alemania es ver las góndolas de los supermercados repletas de productos provenientes de nuestros territorios. Al mismo tiempo, observamos una creciente sensibilidad por el impacto climático de la producción de alimentos, por el deterioro de la calidad de vida, consecuencia del uso de fertilizantes y pesticidas y la destrucción del hábitat de animales y personas. Sin embargo, estas preocupaciones se han transformado en un nicho que es capitalizado por corporaciones que monopolizan el mercado comerciando productos catalogados como más «ecológicos» o «saludables», calmando las sensibilidades de sus consumidores locales a expensa de una estructura de explotación planetaria. 

Hay pues una reflexión ausente acerca de las consecuencias que el actual sistema productivo agroindustrial tiene sobre la vida, la crisis ecológica y las clases sociales que lo sostienen.

 El mercado global de alimentos funciona de acuerdo a dinámicas que tienen graves consecuencias para regiones con una matriz exportadora, como lo es América Latina: la deforestación y la desaparición de economías rurales de pequeña y mediana escala. También en Europa el sistema de producción fomenta la destrucción de los bosques y el avance de la monocultura, eliminando a lxs agricultorxs pequeñxs y facilitando el cambio clímatico.

¿Cómo se producen los alimentos que comemos?

Poco se sabe en Berlín acerca de las condiciones de producción de los alimentos que consumimos. Con esto no hablamos sólo de las condiciones en América Latina o África, sino también en este continente e incluso a pocos kilómetros de la ciudad, en las zonas rurales de Brandenburgo. 

La pandemia mostró más claramente que nunca la fragilidad de la cadena de alimentos en Alemania, dependiente en gran medida de la importación y del trabajo de personas migrantes de Europa del Este y Latinoamérica, para nombrar algunxs, quienes trabajan de forma precaria en las cosechas de forma estacional. 

¿Cómo llegan los alimentos a Berlín?

La concentración no solo se da en el proceso de producción sino también en la distribución y la comercialización, en donde empresas como Lidl y Edeka tienen el oligopolio sobre la distribución de alimentos, imponiendo a productorxs a venderle a sus franquicias, pagando precios bajos.

Lxs productorxs pequeñxs y medianxs que le venden a supermercados «más conscientes» como el Bio company y LPG muchas veces tienen que tirar su producto por que la estética del alimento no cumple los requisitos de sus consumidorxs. El alimento es bueno y comestible, pero no en términos de belleza para los altos precios que pagan las clases sociales media altas y altas en Alemania.

Los supermercados BIO o con góndolas llenas de productos supuestamente saludables no aportan una solución a los problemas de la población y lxs productorxs, además de tener precios que los hacen inaccesibles para las personas de bajos ingresos.

La alternativa no es comprar en supermercados «bio»

Nuestra búsqueda de alternativas debe intentar desarrollar y potenciar formas colectivas de alimentarse, en armonía con el entorno natural y también social. 

En América Latina, pero también en Alemania, existen multiples ejemplos de como conseguirlo.

 La Unión de Trabajadores de la Tierra en la Argentina o el Movimiento de los Trabajadores sin Tierra en Brasil son ejemplos icónicos de cómo es posible vincular producciones sustentables, en manos de pequeñxs productorxs, con un consumo urbano consciente de las problematicas sociales y ambientales actuales. Redes internacionales como la Vía Campesina muestran cómo se pueden generar alternativas planetarias, poniendo en el centro a la Soberanía Alimentaria como una propuesta de autonomía y desmercantilización de los alimentos. 

 En Berlín y Brandenburgo existen cientos de núcleos de economía solidaria (Solidarische Landwirtschaft – SoLaWi) y cadenas de producción que resisten al sistema concentrado actual en una dirección similar. Estas se ven forzadas a distribuir su producto individualmente, internalizando el costo de distribución en cada SoLaWi. Más coordinación y solidaridad entre las granjas es necesaria. Asimismo, en Berlin y otros centros urbanos, es necesario organizar formas cooperativas de consumo local y regional.

Desde el Bloque Latinoamericano creemos que no puede haber cambio verdadero sin una formas alternativas de propiedad de la tierra, de producción y de consumo.  Estamos construyendo vínculos de solidaridad e intercambio entre el campo y la ciudad, a través de un contacto fluido con productorxs rurales asociados en torno de ABL (Arbeitsgemeinschaft bäuerliche Landwirtshcaft, organización vinculada a la Via Campesina) y a través del impulso de núcleos de consumo solidario en el marco de la red SolaWi. Sumate a construir formas colectivas de alimentarnos!

Contra el ALC Mercosur-EU

[Discurso pronunciado frente a BMWi, mayo de 2021]

Buenos días a todxs,


Los saludo en nombre del Bloque Latinoamericano Berlín, una organización migrante que se considera antirracista, antiimperialista y anticapitalista.
Estamos aquí para manifestarnos en contra del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE, porque sabemos lo que implica para nuestros pueblos y países.

El acuerdo profundiza no sólo la destrucción de la economía de nuestros países, sino también la destrucción de la producción campesina en Alemania y en Europa.

Por esta razón debemos enlazar y conectar las luchas. Las de aquí y las de allá. En Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil contra el acuerdo junto con los agricultores de ambos continentes.  

Como Latinxs sabemos lo que significa la explotación, la precariedad y la pobreza. Todos resultados de la desindustrialización y el estractivismo ocurrido durante décadas en nuestros territorios. Y también sabemos que esta situación empeorará si el acuerdo entra en vigor.

Para nosotros el resultado de la firma de este acuerdo está muy claro: la desigualdad entre América Latina y Europa se agravaría.

Debemos dejar muy en claro, que en nuestros países el problema no es sólo la deforestación de la selva, sino también la destrucción de los medios de vida de millones de personas.

Por eso tenemos que detener el acuerdo y al mismo tiempo desarrollar una nueva forma de economía. Aquí en Alemania y en América Latina.


¡Abajo el tratado de libre comercio entre EU-Mercosur!¡Arriba lxs que luchan!¡Venceremos!

Gegen das Freihandelsabkommen Mercosur-EU

[Rede vor dem BMWi, Mai 2021]

Guten Morgen an Alle

Ich grüße euch alle vom Bloque Latinoamericano, einer Organisation von Migranten*innen, die sich als antirassistisch, antiimperialistisch und antikapitalistisch versteht.

Wir sind hier gegen das Mercosur-EU Abkommen, weil wir wissen was es für unsere Leute und Länder bedeutet. Das Abkommen bedeutet nicht nur die Zerstörung der Ökonomie unserer Länder, sondern auch die Zerstörung der bäuerlichen Produktion in Deutschland und in Europa.

Wir müssen die Kämpfe vernetzen – hier und dort; in Argentinien, Paraguay, Uruguay und Brasilien gegen das Abkommen, zusammen mit den Bauern und Bäuerinnen.  

Als Latinxs wissen wir, was Ausbeutung, Prekarität und Armut bedeuten. Sie alle sind Ergebnisse von Deindustrialisierung und Extraktivismus. Und wir wissen auch, dass diese Situation verschlimmert werden würde, wenn das Abkommen in Kraft tritt.

Es ist für uns ganz klar:  Die Ungleichheit zwischen Lateinamerika und Europa würde verschärft werden.

Wir müssen laut sagen, dass in unseren Länder das Problem nicht nur die Regenwaldabholzung ist, sondern auch die Zerstörung der Lebensgrundlagen von Millionen von Menschen.

Deswegen müssen wir das Abkommen stoppen und gleichzeitig eine neue Form der Wirtschaft entwickeln. Hier in Deutschland und in Lateinamerika.

¡Abajo el tratado de libre comercio entre EU-Mercosur!¡Arriba lxs que luchan!¡Venceremos!

Seamos un río y no una isla. Resistencias migrantes en Berlin y Brandenburgo.

Bloque Latinoamericano Berlín – Grupo de trabajo territorial

El siguiente texto es nuestra cotribución desde el grupo de trabajo territorial del Bloque Latinoamericano al períodico Die Kommunne, editado por Kiezkommune con ocasión del 1ro de mayo, con reflexiones acerca de las potencialidades de la auto-organización local.  Para quienes lean alemán, les invitamos a leer el períodico completo, que se encuentra disponible para descargar acá https://lowerclassmag.com/2021/04/14/print-die-kommune-kommunaler-widerstand-gegen-die-krise/ En papel se puede conseguir en el Kiezkommune Wedding (Stadtteilbüro Kommune65, Buttmannstr. 1a) los Viernes de 14 a 18hs o en la demo del 1ro de mayo.

La crisis desatada por el Covid19 nos mostró la cara oculta de Alemania. Puso de manifiesto que, lejos de tratarse de una economía tecnificada donde «el capitalismo funciona bien», basa su desarrollo en la explotación del trabajo migrante. Como activistas en Berlín nos vimos ante la tarea de seguir articulando resistencias en una ciudad que más que nunca nos coloca entre la precarización y la expulsión. Encontramos que «quedarse en casa» nos era imposible frente a la precarización que sufrimos les migrantes en la gastronomía, delivery, limpieza, cuidados, o la producción y distribución de alimentos.

Berlin no es una isla

Quizás esta crisis le haya recordado a muchxs que Alemania no está al margen de la destrucción impuesta por el sistema capitalista. Quizás incluso hasta haya dejado claro que Berlín no es una isla, aislada del resto del país. Ninguna ciudad es una isla. Mientras en Alemania veíamos vaciarse los supermercados por las prácticas de «hamsterkaufen», vimos cómo en muchos lugares de América Latina se activaron aún más las redes de consumo local y solidario. Un ejemplo claro lo ofrecen las ferias y redes de distribución organizadas por trabajadorxs agrícolas en distintos puntos de América Latina para hacer llegar alimentos agroecológicos a precios justos directo de lxs productores a lxs consumidores, como las ferias de la Central de cooperativias de Servicios Sociales Lara (Cecosesola) en Venezuela o las iniciativas de la Unión de Trabajadores de la Tierra en Argentina, que se realizan a lo largo y ancho del país. Estas prácticas nos invitan a repensar nuestro rol como migrantes organizadxs desde la ciudad, pero sin aislarnos del entorno que nos rodea. Como migrantes organizadxs en el Bloque Latinoamericano queremos ser la corriente que conecte las luchas en América Latina con las que tienen lugar en Alemania.

Latinxs en Brandenburgo?

Podría parecer sorpresivo que migrantes latinoamericanxs pensemos nuestro trabajo político (también) en las zonas rurales de Brandenburgo, pero no lo es: uno de nuestros objetivos como Bloque Latinoamericano es construir vínculos entre las luchas progresivas de las áreas rurales de Brandenburgo con luchas en Berlín, a la vez que tender puentes entre estas y las luchas populares en América Latina.  Es por eso que nos hacemos presentes allí como migrantes e internacionalistas, conversamos e intercambiamos con productorxs agropecuarixs en Brandenburgo. En conjunto con el Ernährungsrat de Brandenburgo organisamos un encuentro en Müncheber, para discutir acerca de los problemas de la producción y distirbución de alimentos en Berlín y sus alrededores.

Queremos derribar los mitos que existen sobre Brandenburgo. Por eso compartimos lo que aprendemos de las luchas de lxs productores de la región con compañerxs en la ciudad.

En Brandenburgo también hay un ojo que mira hacia Latinoamérica. El tratado de libre comercio entre la Unión Europea y el MERCOSUR significa el aumento del hambre, la desocupación y la concentración de tierras en América Latina, al tiempo que generaría la pérdida de producción campesina en Brandenburgo y con ella la destrucción de sus modos de vida. Es de esta manera una oportunidad para el diálogo entre iniciativas populares en los dos continentes y la búsqueda de alternativas frente a las formas de producción que despojan el medioambiente y concentran la riqueza. Mediante la construcción de redes transatlánticas en contra del tratado de libre comercio, ayudamos a construir este diálogo.

Seamos un río: por un internacionalismo local

Uno de nuestros horizontes como Bloque Latinoamericano es apoyar, conectar y visibilizar luchas en los territorios de América Latina. Pero esto lo hacemos siempre desde nuestra presencia física en Alemania. Pensamos que la política está donde está el cuerpo. Migramos con nuestras historias, experiencias y luchas. Somos internacionalistas en el territorio que habitamos, y sabemos que solo apostando a reforzar las luchas aquí y ahora podemos construir alianzas y movimientos que constituyan alternativas emancipatorias a ambos lados del Atlántico. 

Descolonialidad del discurso y lucha política en el Sur: una charla con Noel Padilla-Fernández

En febrero y marzo de 2021, el Bloque Latinoamericano estará co-organizando un seminario con Noel Padilla-Fernández, intercambiando conocimientos sobre la teoría y práctica de la descolonialidad del saber. A manera de preparación, platicamos con Noel sobre sus intereses epistemológicos, su trayectoria, y la coyuntura política en Nuestra América. Acá les presentamos la charla. (Las inscripciones para el seminario están abiertas hasta el 27 de enero bajo semioticasdelsur@protonmail.com)

¿Cuáles han sido los enfoques más importantes de tu trabajo académico en los últimos años? ¿A qué se debe ese interés?

Antes de estar vinculado a la formación y la investigación en la academia, vengo de experiencias en el movimiento de la comunicación alternativa y popular (radio, fotografía, video, cine), allí en el trabajo popular surgió la preocupación por el estudio de los discursos;  por una parte el  análisis crítico de los medios masivos, y por otra la preocupación por la elaboración estética de discursos que representaran nuestras voces, nuestros cuerpos y territorios;  durante varios años estuve dedicado a la realización documental. Ello hizo que mi incorporación a la academia (hace 19 años), la hiciera con una pragmática semiótica devenida de la acción cotidiana en el movimiento popular.

Desde esa preocupación comienzo a transitar dimensiones reflexivas, diálogos con autores y autoras, en las que voy encontrando y construyendo categorías para comprender complejamente y nombrar la práctica colectiva desarrollada en la comunicación popular.  Ya en la academia, en el Centro de Experimentación para el Aprendizaje Permanente (CEPAP) de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, me incorporo a procesos de investigación y formación en educación popular y sistematización de experiencias como método para la generación de conocimiento, y en vínculo con estas metódicas, junto a profesores y profesoras desarrollamos procesos de formación e investigación en el área de la educomunicación (este es un campo que tiene importantes orígenes en las experiencias de comunicación alternativa y educación popular en América Latina, en los años 60, 70, 80, allí van a ser emblemáticos los aportes de Mario Kaplún y Paulo Freire). La educomunicación como campo da cuenta de los procesos de formación, de aprendizajes, vinculados o mediados con prácticas comunicacionales (consumos mediáticos, hábitos tecnoculturales, y al reconocimiento del carácter textual de los discursos simbólicos audiovisuales, sonoros, transmedia).

Podemos decir que este ha sido un enfoque importante del trabajo académico que he realizado, y otro es el relacionado de manera más focal con la semiótica cinematográfica, área de formación en la que me desempeño como profesor en la Universidad Nacional Experimental de las Artes; esta formación en semiótica comenzó a ser transversalizada con la perspectiva del pensamiento crítico descolonial y una preocupación investigativa por reconocer el lugar de enunciación del discurso, como un lugar ontoepistémico, es decir los discursos cinematográficos proyectan una forma de ser y pensar el mundo. En ese sentido, los discursos cinematográficos hegemónicos, van universalizando las formas de ser y pensar propias del sistema mundo/moderno/colonial/patriarcal/capitalista que van configurando los imaginarios de los públicos que asisten a esos discursos de manera acrítica o complaciente. La preocupación formativa que moviliza mi accionar docente es propiciar problematizaciones para develar las formas de ser y pensar el mundo proyectadas en los discursos, pero también problematizar las formas hegemónicas de ser y pensar que están en nuestras maneras de producir sentido.

En la puesta en práctica de estas reflexiones semióticas, comprendí que se trataba de una semiósis que transcendía el discurso cinematográfico y audiovisual, y que podía ser una práctica problematizadora para otros géneros discursivos, e inclusive para la vida cotidiana. Allí podría ubicar el interés de mi trabajo, desarrollar un practica semiótica como ejercicio cotidiano, para problematizar las marcas del poder y la dominación en los discursos, en la producción de sentido y en las formas de relacionarnos.    

Noel Padilla-Fernández es doctor en Artes y Culturas del Sur, profesor-investigador asociado de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR) y Universidad Nacional Experimental de las Artes (UNEARTE) en Venezuela, así como investigador externo de la Universidade do Vale do Rio dos Sinos (UNISINOS) en Brasil.

En tus aportes teóricos hablas de una semiótica del Sur. ¿Quién y cómo se construye una semiótica del Sur? 

Decía anteriormente que los discursos enuncian formas de ser y pensar el mundo, en nuestras experiencias hemos estado circundades por discursos, escolares, religiosos, mediáticos, institucionales, familiares, que han universalizado las formas de la vida moderna (me refiero a la ontogénesis y al episteme del sistema mundo/moderno/colonial/patriarcal/capitalista impuesto por los imperios europeos desde 1492 y continuado por las elites del eje del Atlántico Norte, siendo su hegemon más importante los Estados Unidos); estas formas de ser y pensar sexistas, patriarcales, racistas, individualistas, antropocéntricas, heteronormadas, se han impuesto secularmente por sobre otras maneras de relacionarse y de vivir que aún existen en vetas de resistencia en los pueblos ocupados, dominados, pero no vencidos, del sur global, y en los pueblos que resisten al capital en los países del norte; porque no se trata de un sur geográfico, se trata de un Sur ontoepistémico, de un sentipensar distinto y antagónico a la subjetividad moderna.  Una semiótica del sur implica promover el reconocimiento de epistemes y cosmogonías que hacen posible la solidaridad, la sororidad, lo comunitario como relación, la transubjetividad como condición existencial de la vida no posible sin el otro/otra, incluso con el otro no humano (el espacio vital del que formamos parte, y que el pensamiento fragmentador moderno nombró cosificadoramente como naturaleza); como referente  problematizador del poder y las jerarquías de dominación presentes en los discursos y en nuestras formas de producir sentido y relacionarnos.  

¿Quién puede hacer una semiótica del sur? Tode aquel que asuma la problematización y transformación de las formas de vida promovidas por el capitalismo. Considero que una semiótica del sur permite cuestionar lo que hemos dado por absoluto, lo que el sistema mundo moderno/colonial/patriarcal/capitalista impuso como natural. Una semiótica del sur puede contribuir a una reflexión transformadora y superadora de los lastres modernos que arrastramos en las maneras de relacionarnos jerárquicamente en la vida cotidiana y en las formas de hacer política desde las izquierdas y desde los movimientos.    

En el plano político continental, diferentes eventos colectivos con ejemplos en Chile, Bolivia, Ecuador aparentan una renovación y recuperación de fuerza de los movimientos sociales populares. ¿Se puede avizorar en esto un posible fin de la avanzada reaccionaria de derecha extrema que inicio a mediados de la década? ¿Cómo se reciben estas luchas frente a la memoria de los movimientos sociales de inicios del siglo, que fueron clave en la llegada al poder de la izquierda y/o mantenimiento del mismo en Ecuador, Bolivia, Venezuela, Argentina? 

En América Latina vivimos profundos procesos de enfrentamiento con el capital, fueron fundamentales la llegada de gobiernos progresistas a países de la región. En el comienzo del siglo irrumpe un proceso importante de reivindicación de derechos, de justicia social y redistribución de las riquezas en Venezuela con la llegada a la presidencia del comandante Chávez, pudiéramos decir que esta irrupción inicia una ola de gobiernos de izquierda que cambia en esa primera década las condiciones geopolíticas a favor de nuestros pueblos. Este cambio geopolítico implicó el impulso de iniciativas de integración regional desde una perspectiva bolivariana promovidas en gran medida por el presidente Chávez.  La respuesta del imperialismo y las oligarquías regionales lograron reveses de esta ola progresista, retomando el poder en Paraguay, Argentina, Brasil, Ecuador y Bolivia, e implementando políticas coordinadas de agresión, de asedio y bloqueo económico hacia Venezuela. Sin duda alguna que las políticas de Washington y el coro de la oligarquía continental han sido efectivas para el reacomodo de la derecha neofascista. Sin embargo, no podemos perder de vista que la conducción de los gobiernos de izquierda se fue alejando, o no consideró la participación protagónica de los sectores del pueblo organizado en la toma de decisiones en la implementación y conducción de las políticas.

«Una semiótica del sur puede contribuir a una reflexión transformadora y superadora de los lastres modernos que arrastramos en las maneras de relacionarnos jerárquicamente en la vida cotidiana y en las formas de hacer política desde las izquierdas y desde los movimientos.»

Podemos decir que han persistido las formas modernas de hacer política, imposibilitando el ejercicio colectivo/comunitario del poder, la visión de la vanguardia ha prevalecido impidiendo que las demandas del pueblo organizado (campesinos, indígenas, mujeres, afrodescendientes, y otros) sean incorporadas a las agendas de las políticas nacionales. En algunos casos se incorporaron a las agendas gubernamentales las exigencias de los sectores financieros y empresariales, no así con el pueblo.  Las demandas que hoy se plantean colectivamente en las calles de nuestro continente, proponen saltos cuánticos para el hacer político, estas convocan a otras formas de relación, para la crisis civilizatoria que se evidencia, son insuficientes las transformaciones político-económicas que tradicionalmente han planteado las izquierdas. El problema no es solo la contradicción capital-trabajo. El problema no es solo el sistema económico capitalista, es fundamentalmente su modelo civilizatorio. Para detener la avanzada de la derecha neofascista, es fundamental colocar, promover, construir, desplegar en la acción política otras formas de ser, pensar y relacionarnos. Las agendas políticas de nuestros pueblos deben ser de carácter anticapitalista, antiimperialista, anticolonial y descolonial, antipatriarcal y despatriarcal, des-heterocentrada, reconfiguradora de la relación humanidad-naturaleza y subversiva a todas las formas jerárquicas del poder.    

 Siguiendo lo que acabas de decir: Venezuela se encuentra en una condición socioeconómica extrema, producida en gran medida por el asedio imperialista y criminal sobre el país, y empeorada por una serie de errores y conductas heredadas de la cultura capitalista en parte importante de la dirigencia de la revolución. Como académico comprometido, ¿cómo percibes la realidad y complejidad del proceso venezolano en la actualidad? 

 El proceso venezolano ha sido muy particular. En el año 1999 llega a la presidencia un militar nacionalista, que fue capaz de escuchar a los sectores históricamente explotados, porque de eso sectores venía, y vivir junto al pueblo que ha acompañado este proceso un proceso de radicalización hacia una perspectiva de izquierda antiimperialista. Ese fue el eje de la política de la revolución bolivariana en los últimos años de vida del presidente Chávez. A partir de este momento el imperialismo norteamericano agudizó sus políticas de asedio, ataque a la moneda nacional, cerco financiero que imposibilita la compra de alimentos, medicinas, repuestos para el mantenimiento y tecnificación de nuestras industrias básicas, compra de combustible, ataques y sabotajes terroristas a la industria petrolera y al sistema eléctrico nacional, explican en buena medida, el deterioro de las condiciones de vida del pueblo venezolano. Creo que este escenario político convoca a la participación del pueblo organizado en la conducción de las políticas de Estado. Sin embargo, los lastres modernos en las formas de hacer política por parte del gobierno actual impiden esta participación. Considero que las revoluciones son esencialmente ontoepistémicas, y ante la actual crisis del modelo civilizatorio un gobierno revolucionario debe avanzar estratégicamente hacia la construcción de otras formas de relación y de poder, unas que subviertan y trasformen el ejercicio moderno y de colonialidad del poder. Frente a esta necesidad, me parece fundamental que los gobiernos de izquierda o revolucionarios del continente escuchen el grito cosmogónico de Mandar Obedeciendo

Berlín-Hanóver-Caracas, Enero 2021. 

Destrucción creativa. O lo que ya sabíamos del futuro.

Desde  el Bloque Latinoamericano, consideramos que la acción política y el análisis coyuntural son ejercicios que se complementan mutuamente, para así tejer horizontes de lucha. Por ello, queremos presentar estas importantes reflexiones de nuestro compañero Dario Farcy, a propósito del reacomodo actual del capital frente a la contingencia (post)pandémica. 

El capitalismo se ha caracterizado históricamente por externalizar, o ubicar fuera del ámbito de valorización del capital los resultados indeseados de la producción, así los costos vinculados al pago de los trabajos de cuidados, las consecuencias medio ambientales de la producción y la infraestructura necesaria para el traslado de las mercancías y personas siempre fueron relegadas al ámbito familiar o público. Como ya sabemos, incluyendo todos estos costos en el proceso de acumulación el capitalismo no tendría la mas mínima chance de defender su sostenibilidad. La plusvalía, que es la base de la acumulación, esta compuesto entonces no solo por la fuerza de trabajo que se aplica en la esfera productiva, sino también por todos esos recursos (también fuerza de trabajo pretérita) que son aplicados en esos ámbitos donde el capital decide no mirar pero si aprovechar el resultado.

Durante mucho tiempo se discutió como llegó el capitalismo a ser el sistema global que hoy conocemos, y más allá de las diferentes posturas sobre la incidencia en términos políticos, culturales y militares una variable se impone por sobre las otras. Los saltos tecnológicos producidos por el conjunto de la sociedad humana fueron aprovechados para profundizar el proceso de acumulación; así el desarrollo de la computación, originado como un elemento de cifrado militar, fue puesto al servicio de las transacciones internacionales haciendo mucho más cortos los tiempos para la movilidad del capital.

También estos saltos tecnológicos fueron acompañados de una reorientación de los esfuerzos colectivos hacia la acumulación de capital. Las fuerzas productivas desarrolladas durante la segunda guerra mundial dieron inicio a la etapa de mayor crecimiento del capitalismo en su historia bajo el formato del Estado de bienestar y el modelo fordista. La destrucción de capital, relaciones sociales e instituciones permitió al capitalismo lanzarse en la construcción de un modelo global como nunca antes. Hubiera sido imposible para el capitalismo lograr ese nuevo régimen de acumulación sin el nuevo orden de prioridades que imprimió la destrucción generalizada de la segunda guerra mundial.

El Banco Mundial prevé que la caída del producto bruto mundial sera en 2020 de por lo menos 5,2%, más del doble de la caída sufrida a nivel mundial en el 2009 luego de la crisis financiera. En las economías centrales el impacto sera aún mayor, en torno al 7%. Siguiendo estos datos estamos ante la crisis mundial más grande desde el estallido de la segunda guerra mundial. En la mayoría de los países se ha incrementado la pobreza y la desigualdad. Los Estados se han endeudado para hacer frente a las nuevas demandas sanitarias de la sociedad.

Por su parte los empresarios más importantes del mundo han amasado millones de dólares gracias a los aportes que han hecho los Estados para evitar que la crisis sea aún peor; millones de personas han perdido sus empleos y sus formas de vida; al mismo tiempo los empresarios vinculados al comercio online han embolsado sumas astronómicas de dinero. Del otro lado, millones de pequeños productores y comerciantes han tenido que cerrar sus puertas en todo el mundo ante la imposibilidad de comercializar sus productos. Miles de millones de trabajadorxs han perdido su empleo durante la pandemia.

La demanda de petroleo, y de la industria vinculada a este producto (como la automotriz) han caído  debido a la mayor caída de la demanda de la historia. Ante una batalla feroz con las nuevas energías renovables este puede ser el comienzo del fin de las tecnologías vinculadas con el petroleo. No resulta casual, que en la batalla electoral de este año en EUA se hayan alineado claramente dos sectores de la industria global en torno a cada candidato; por un lado los partidarios del capitalismo verde siguieron la agenda demócrata, mientras que las principales industrias del petroleo se alinearon con Trump. Cierto es que para entender la derrota del presidente naranja hay que tener en cuenta otras variables, pero si se puede afirmar que los sectores populares que Trump buscó interpelar con sus políticas son los perdedores del avance del capitalismo globalizado en su etapa financiera. Los demócratas por su parte, parecen ya estar anunciando el nuevo giro de la moda del capital: el capitalismo ecologista.  

Si como dijimos la segunda guerra mundial (como corolario de la segunda revolución industrial que definió al petroleo como principal motor del capitalismo) permitió la acumulación y destrucción necesaria para la construcción de un sistema civilizatorio basado en la acumulación del trabajo ajeno, no sería descabellado pensar en que este nuevo ordenamiento siente las bases para la siguiente fase del capitalismo.

Mientras discutimos medidas sanitarias, lockdowns y números de fallecidos se erige ante nuestros ojos una reorganización del capital. Los grandes fondos de inversión y multinacionales que venían hace varias décadas hablando de la “robotización” han encontrado un aliado perfecto e inesperado para terminar de imponer las “bondades” de un capitalismo sin fabricas y de fabricas sin trabajadores. Sin embargo, por más autos eléctricos que haya siempre alguien tendrá que recolectar el litio en América del Sur. La desesperación global por la llegada de un virus mortalmente vinculado con la dinámica interna del sistema capitalista, parece haber establecido un futuro en donde nuestras sociedades ya no tendrán que debatirse entre explotadxs y explotadorxs, sino que el objetivo al cual aspirar sea el de encontrarse entre el grupo selecto de lxs incluidxs.

Dario Farcy

Berlin, Diciembre de 2020.

Colombia: Desde la tierra del olvido

(El año pasado, en ocasión del Mes Anticolonial 2019, recibimos este texto del compañero Manuel Rozental del proceso «Pueblos en Camino» del Cauca, Colombia. Un año después, dentro del marco del presente Mes Anticolonial, se los compartimos, convencidxs de su vigencia, potencia y pertinencia como inspiración para nuestras luchas colectivas, mucho más allá de las fronteras impuestas por el capital y por los estados.)

Cuando los indígenas descubrieron a los Europeos…
América aún no existía, ni éramos indígenas

En una calle de Ilheus, Bahía, Brasil
Día del Indio, Abril de 2012

Me han pedido que hable algo sobre Colombia. Yo prefiero decir que hablo desde acá, lo que no es lo mismo y es más exacto. Lo que hoy conocemos como Colombia, es un territorio de un millón de kilómetros cuadrados cuyas fronteras y mapa fueron, como todos los de América Latina y del mundo, producto de una fantasía Europea perversa que continúa hasta nuestros días y que conocemos con el nombre de “civilización”. Para ilustrar esto que digo y que no es un capricho, basta con unos ejemplos. Cristóbal Colón llegó a este continente que bautizaron América ignorando sus nombres ancestrales en 1492. En su viaje de regreso en lugar de regresar a España, llegó a Portugal. Los dos reinos se disputaban la propiedad del mundo que conquistaban para su provecho. Con su nave cargada de lo que traía de estas tierras no pudo ocultar su procedencia. Al enterarse del hallazgo, el rey de Portugal quiso reclamar su parte y de allí que se realizara una negociación entre los representantes de los Imperios de España y Portugal en Tordecillas, en 1493. Allí, sin siquiera conocer las tierras negociadas (que llamaron descubiertas), trazaron una línea que dividió al planeta en dos partes: la mitad para Portugal y la otra mitad para España. Ello explica el que hoy en día media América del Sur sea Brasil y la otra mitad hablante de castellano y antigua colonia de España. Un capricho le impone nombre a las tierras, dueños, leyes y razones de ser, a la misma vez que nos niega nuestro pasado, nuestra memoria, nuestros sentidos y territorios. Apropiados territorios hoy desconocidos a representantes de los saqueadores Europeos, estos empiezan a robar y a explotar a los pueblos a su gusto y beneficio, protegidos siempre por la ley humana y divina al servicio de los imperios. Las disputas entre estos saqueadores herederos y siervos de esta codicia de los reinos, dan origen a líneas artificiales que no son sino la imposición de su ficción y su afán de poder. Estas líneas divisorias eventualmente se convierten en fronteras, incluidas, por supuesto, las de las naciones que se establecen con lo que hasta hoy nos hacen llamar independencia. En realidad, los ladrones locales, patriarcales, racistas, herederos de la fe y del poder de los Europeos, los sienten como un estorbo y a nombre de la libertad de estos pueblos, liberan la tierra y el trabajo del yugo Español, para someterlos al suyo personal y encadenarse a nuevos poderes globales. Así, en estas guerras por tierras y riquezas, que son las mismas y por lo mismo, se establecen las fronteras de las naciones sur Americanas que incluyen a Colombia. Colombia era antes La Gran Colombia e incluía a Ecuador, Venezuela y Panamá, pero negocios poderosos pusieron ejércitos a pelear en su nombre y dividieron estas tierras creando estas naciones, desde un comienzo, al servicio de los poderosos y de la explotación de pueblos y territorios. Panamá, por ejemplo, fue robada a Colombia en 1910 por el gobierno de los EEUU para construir el Canal de Panamá, hacerlo de su propiedad, enriquecerse con el comercio que por allí circula entre el Pacífico y el Atlántico y poner allí la sede del Comando Sur. El gobernante de turno de Colombia aceptó a cambio de esto menos de $140 mil USD. En otras palabras, sinceramente, Colombia no existe. Es una ficción, una fantasía, una bandera, un himno, una frontera, todas al servicio de un proyecto cuyo propósito es someter territorios y pueblos negados al servicio de la acumulación egoísta de ganancias para unos pocos. Otro tanto puede decirse de los demás países y pueblos de este continente y del mundo. Hablo desde Colombia, más que de Colombia.

El principal producto de la historia de esta conquista incesante, permanente y en expansión es, en consecuencia, el olvido y las ganancias que nos roban. Pero el olvido y las ganancias se están produciendo ahora mismo, sólo que, como bien lo entendiera Rosa Luxemburg, el capitalismo (otro nombre para la invasión destinada a la producción de olvido y generación incontenible de ganancias) siempre necesita una externalidad para expandirse porque destruye los territorios y pueblos que ocupa y necesita siempre más. Por eso ella señaló que solamente cuando llegara a ocupar todo el planeta, “tal vez” entraría en su crisis definitiva. Esta espiral expansiva y destructiva recoge y resume también toda la historia de lo que ha sucedido y avanza destruyendo dentro de Colombia. La sintetizo así: Exploran, Explotan, Excluyen y Exterminan. Hasta llegar a hoy cuando, al borde de ocupar el planeta entero han generado Excedentes de Población, porque ya no necesitan a la mayoría de la gente que no les sirve como trabajo y que no puede consumir. Han generado excedentes de capital, de modo que las grandes transnacionales destruyen por necesidad a todo lo que no sea de su tamaño (pregúntenle, por ejemplo a Bayer-Monsanto). Y han causado un déficit de vida, que denominan déficit de “recursos naturales” o materias primas. En estas condiciones deben eliminar los excedentes de gente y de capital y deben apropiarse de los recursos escasos como Agua, Oxígeno, Petróleo y Fuentes de Energía y Alimentos, Biodiversidad y Minería. Entendiendo esto, es fácil reconocer esta guerra total contra la tierra y los pueblos, desde esta parte del olvido que llaman Colombia.

Hemos entrado en una nueva fase del capitalismo. Una que responde de manera racional y civilizada, es decir, violenta, asesina y enmascarada de propaganda, a la crisis del capital en su ocupación total del planeta. En Colombia deberíamos saber ya que el Capitalismo es crimen organizado: roba, mata, miente, explota para conseguir ganancias y se impone como necesario. Hay crimen organizado legal e ilegal. Ambos son capital y su propósito es acumular ganancias a toda costa y a costa de todxs. En esta nueva fase, se están estableciendo territorios controlados de manera articulada por corporaciones transnacionales legales (petróleo, minerales, material genético, agronegocio, etc.), por el sector financiero mundial (la banca multilateral y privada que vende dinero a nuestros gobiernos corrompiendo y a cambio nunca acabamos de pagar y tenemos que entregarles todo), por ejércitos transnacionales legales (controlados por y desde el Pentágono y al servicio de las transnacionales) cuyos súbditos nacionales se llaman Fuerza Pública en Colombia (ejército, Armada, Policía, etc.), por gremios, corporaciones y “clase dirigente” que tiene negocios articulados con transnacionales y de la que surge y a la que regresa en una puerta giratoria la “clase política” que cada 2 años hace elecciones para que no tengamos más opción que votar por ellos porque controlan por la fuerza del dinero, del terror o de la mentira(propaganda y sectas religiosas) cada voto que los elige. Colombia es, en síntesis, una “Democracia Genocida”, como la llamó en su libro el Padre Javier Giraldo. Con estos actores legales están coordinados (porque son ellos mismos), carteles de narcotráfico, paramilitares y toda clase de poderosos ejércitos “ilegales”. Generales, empresarios, mafiosos, banqueros, políticos, se coordinan en un territorio para garantizar el saqueo. A mucha gente la reclutan para que produzca, procese, empaque y transporte lo producido, legal o ilegal. A muchos otros los arman y les pagan para que exploten, amenacen y maten a quienes no obedezcan. Así, territorio por territorio desde Colombia y por todo el continente y más allá, avanza la ocupación de territorios en manos de unos pocos. Como siempre lo que sacan, producto del trabajo esclavo de la gente, tiene buen precio y consumidores en el norte global. Pero la guerra misma es el mejor negocio de todos. No ganar la guerra sino mantenerla, profundizarla, hacerla permanente y reclutarnos a todas y todos a uno u otro bando es el propósito definitivo. La guerra reactiva la economía, elimina excedentes y captura recursos escasos. Estamos en guerra.

Es un saqueo que va a enriquecer a los más ricos del norte y con un poco de lo mucho que consiguen así, pagan privilegios y derechos con los que maquillan y perfuman el horror para legitimarlo. En 2010, la ONU calculaba que las ganancias del narcotráfico eran de unos $430 mil millones de dólares al año, de los cuales el 70% entraba entonces a las instituciones financieras y bancarias más poderosas del mundo. Hay mucha más información, pero basta con agregar que todos los Presidentes de Colombia desde los años 70 han sido electos con dineros del narcotráfico y que la DEA y los EEUU no hacen una guerra para acabar con el narcotráfico sino para ganar con este tanto con su producción y consumo, como con la guerra que mantiene y aumenta el precio mientras avanza sobre territorios. Con la guerra desplazaron a 8 millones de colombianxs y desterraron del país a 5 millones más. Si el narcotráfico se acabara, ¿quienes perderían el 70% de las ganancias? Por eso el hombre más poderoso de Colombia, dos veces Presidente y ahora congresista y Presidente a la sombra es un reconocido narcotraficante, comandante paramilitar, mafioso, terrateniente y empresario: Álvaro Uribe Vélez. Esto y lo demás que podemos contar desde Colombia tiene que ser presentado en Colombia y el mundo de otra manera. El narcotráfico por ejemplo, anda por grandes puertos, aeropuertos, autopistas…su dinero llega a algunos de los más poderosos y respetados y decide políticas de vida o muerte, pero es presentado como algo invisible, para que lo percibamos así, como oscuro, distante, remoto, como la misma Colombia, que es como quieren que veamos el mundo del nuevo Capitalismo, siempre con máscaras de legalidad y derecho, pero en realidad la ley y el derecho, así como los estados, no son otra cosa que estructuras y dinámicas de conquista que fabrican ganancias y olvido.

Acá también nos han engañado. No sólo a ustedes allá. Sólo que la injusticia, el hambre, el despojo y la capacidad de pensar y entender se alimentan de todas nuestras memorias que habitan el olvido en que nos han convertido. No sólo hemos resistido para que nos paguen mejor en el sistema, para que no nos exploten tanto, para que el estado que nos despoja y engaña, nos de alguna asistencia en educación, en salud, en justicia y no nos reprima tanto. Por el poder del estado para estos derechos que llamábamos revolucionarios, surgieron insurgencias armadas como las FARC, el ELN, el EPL, el M-19 y otras. Firmaron acuerdos de paz con casi todas y todos los incumplieron. A muchos de quienes no se desmovilizaron de las FARC, por ejemplo, los empujaron y optaron por unirse al narcotráfico a nombre de la misma revolución por la que luchaban antes. Hoy, por eso, no podemos saber con claridad quienes nos amenazan y nos matan porque se cambian de uniforme, de discurso, de pañoleta. En Colombia el último acuerdo de paz se firmó entre las FARC y el gobierno sin el pueblo en 2016. Un mal acuerdo. Ni siquiera este lo cumplieron. Están matando a quien quiera que defienda territorios, pueblos, derechos en todo el país. A las víctimas, más de 800, las llaman “líderes sociales”. Sólo el gobierno tiene la capacidad de ubicarlas, amenazarlas y matarlas en todo el país con esa precisión, pero se enmascaran como paramilitares con distintos nombres o sicarios sin organización: es el estado.

También hemos resistido porque no queremos más estado ni limosnas, ni leyes, ni elegir políticos que entren a esa máquina que sirve a las ganancias. Nos hemos levantado, por ejemplo, en Mingas, que son prácticas ancestrales indígenas de los Andes. Una Minga es una acción colectiva que tiene prioridad sobre todo y lo que se logre con la Minga no tiene dueños. Hicimos Mingas por ejemplo contra el Modelo económico de despojo, contra el terror y la guerra que les sirven, por una legislación desde los pueblos y entre pueblos, para exigir que cumplan lo que hemos ganado luchando y sobre todo, para tejer una mochila, como nuestras abuelas, con nuestros dolores, alegrías y memorias que reemplace esa institucionalidad, ese estado, esa Colombia y sus patrones que no sirve y nunca ha servido. Nos han perseguido por eso. Hemos marchado por decenas de miles. Hemos trabajado mucho, tierras, productos, consciencias. Hemos bloqueado vías y tratado de convencer. Nos hemos tejido con zapatistas, mapuches, quechuas, afros, mujeres, obrerxs y muchas más. Nos han vencido comprando líderes y consciencias, sometiéndonos en dependencia y hambre, engañándonos como a ustedes con versiones oficiales que según aseveran, son la verdad. Hoy nos amenaza el fascismo narco-paramilitar-extractivista-transnacional y muchas hermanas y hermanos trabajan para ellos. Pero no podría amenazarnos si la gente en Colombia y en el mundo abriera los ojos y empezara a buscarnos en el olvido al que nos han destinado: Acá estamos. Llenos de historias y memorias. Hablamos muchas lenguas que no han logrado extinguir. Tenemos nuestros modos. Somos hijas e hijos de la Madre Tierra y sabemos seguir con vida y levantarnos en rebeldía y resistencia una y otra vez. En eso que llaman Colombia, que acá tiene costas, montañas, valles, selvas, llanuras, ríos, músicas, bailes y diversidades imposibles que imaginar, no nos cabe en las geografías de los estados ni la historia oficial. Por ahora, eso no más les alcanzo a contar. Si nos quieren conocer, nos vamos a encontrar luchando, más allá y mucho más acá de las fronteras con que nos nombran. Mientras nos producen como olvido, somos pueblos de y con la tierra y nos haremos libres con ella, nuestra Madre. Si acá no nos encontramos como lo venimos haciendo con las mujeres de Kurdistán, con los demás pueblos en resistencia, no tendremos futuro ni ustedes ni nosotrxs. Acá en este olvido que llaman Colombia, desde acá también seguimos estando.

Emmanuel Rozental
Pueblos en Camino
2019-08-26

Bau eines neuen Produktionsmodells oder Fortsetzung der kapitalistischen Pandemie?

Stellungnahme der territoriale Arbeitsgruppe des Lateinamerikanische Blocks angesichts der COVID 19 krise

Die aktuelle Situation hat gezeigt, dass die deutsche und die europäische Wirtschaft im Allgemeinen in hohem Maße von internationalen Wertschöpfungsketten abhängig ist. Gleichzeitig hat sie die Zerbrechlichkeit unseres Systems der Nahrungsmittelproduktion und seine direkte Beziehung zur Entwicklung von Seuchen, die von Tieren auf Menschen übertragen werden, aufgezeigt. Die derzeitige Form des Agrarsektors setzt Tierarten und Umwelt einem enormen Produktionsstress aus, der in Verbindung mit den schlechten Haltungsbedingungen in den Großstädten den Nährboden für mögliche Pandemien bildet.

Wie die Koordination von Via Campesina Europa beschreibt: «Das derzeitige globalisierte System hat eine große Abhängigkeit und Fragilität verursacht. Nach Jahren der Sparmaßnahmen und Kürzungen sehen wir mehr denn je die Notwendigkeit, die öffentlichen Dienste, insbesondere im Gesundheitswesen und anderen lebenswichtigen Bereichen, zu stärken, damit sie die auftretenden ernsten Schwierigkeiten bewältigen können. Ebenso sehen wir auch, dass eine sichere und ausreichende Versorgung der gesamten Bevölkerung mit gesunden und lokalen Lebensmitteln unerlässlich ist.“

Wir sehen, wie sich die Grenzschließungen auf die landwirtschaftliche Produktion des Landes auswirken, insbesondere in den großstadtnahen Gebieten, mit besonderem Augenmerk auf Berlin und seine Umgebung. Die verborgene Information ist jedoch die Beziehung zwischen der Arbeit auf dem Land und den Arbeitsrechten. Ein Großteil der Produktion wird von Wanderarbeitern getragen, die ihre Aufgaben auf saisonaler Basis erfüllen. Nicht nur die Felder sind ohne Arbeiter geblieben, sondern auch diese ohne Einkommen, ohne Arbeit in ihren Herkunftsländern, meist in Osteuropa, und ohne deutsche Sozialversicherung. Einkommen, das auf der anderen Seite normalerweise niedrig und in prekären Verhältnissen vollzogen ist. Es muss auch unbedingt darauf hingewiesen werden, dass die gegenwärtige Krise nicht nur die Produktion aufgrund des Mangels an Arbeitskräften, sondern auch den Absatz beeinträchtigt, da die üblichen Märkte und Vertriebsstätten geschlossen wurden bzw. werden können.

Die Krise von Covid-19 zeigt uns, dass wir nicht aufhören können, das Land, seine Situation und die Forderungen der Bauern zu ignorieren. Es ist wichtig zu betonen, dass nach dieser Pandemie die Dinge nicht mehr so weitergehen können wie bisher. Die Nahrung der Menschen kann nicht Gegenstand von Marktspekulationen sein, so wie die öffentliche Gesundheit nicht in den Händen großer Unternehmen liegen kann, die Medikamente herstellen oder medizinische Dienstleistungen anbieten. In diesem Sinne glauben wir, dass es notwendig ist, lokale Produktions- und Vertriebsketten zu konsolidieren und zu priorisieren sowie internationale Ketten in fairer und demokratischer Weise umzustrukturieren.

Wie es in der Erklärung von La Via Campesina in Europa heißt, ist es an der Zeit, die zentrale Rolle der Bauern bei der Produktion der Lebensmittel, die wir täglich konsumieren, hervorzuheben: «Im Jahr 2016 wurden 95,2% der landwirtschaftlichen Betriebe in der EU als Familienbetriebe eingestuft. In anderen europäischen Ländern ist der Prozentsatz sogar noch höher. Mit anderen Worten: Europa ist voll von kleinen Lebensmittelproduzenten, die eine fertige Lösung für die Probleme anbieten, die die ganze Welt betreffen: lokale und gesunde Lebensmittel, die nicht von den langen Lieferketten abhängen, die von dieser Pandemie so drastisch betroffen sein könnten». Ihre Existenz ist jedoch durch das derzeit diskutierte Abkommen zwischen den Mercosur-Ländern – Argentinien, Brasilien, Paraguay und Uruguay – und der EU bedroht.

Dieses Abkommen, das seit mehr als 20 Jahren ausgehandelt wird, greift nicht nur die Kleinbauern an, sondern gefährdet auch ihr eigenes Territorium, ihre Ökosysteme und ihre natürlichen Ressourcen, wie die Erfahrung der letzten 30 Jahre in Lateinamerika lehrt. Das Abkommen bedeutet in wenigen Worten eine Vertiefung der Privatisierung des Bodens und all ihrer Folgen: Logiken der Ausbeutung und Plünderung des Bodens auf der Suche nach maximaler Rentabilität, keine Sorge für das Gebiet, die Umwelt und die Nahrungsmittel selbst – Abholzung der Wälder, Einsatz von Pestiziden usw, Die Anhäufung der natürlichen Ressourcen in den Händen einiger weniger und die größere Prekarität der Bedingungen der Arbeiter, das Modell der transgenen Plantagen, der massive Einsatz von Pestiziden und die Produktion für den Export von Rohstoffen (das Monsanto-Modell) hat seit seiner Anwendung in Lateinamerika, mit besonderem Schwerpunkt auf dem Südkegel, das allmähliche Verschwinden des lokalen und bäuerlichen Produktionsnetzes bewirkt. Dies hat zu einem beispiellosen Verlust an Ernährungssouveränität und Sicherheit geführt. Dies ist das Modell, das die großen Konzerne der Lebensmittelindustrie und die Regierungen als das Agrarmodell des 21. Jahrhunderts für Europa und den Planeten umsetzen wollen.

All dies wird nur dazu führen, die ohnehin schon schwierigen Produktionsbedingungen der Bauern in ganz Europa und Lateinamerika zu vertiefen. Im Gegenzug wird sie die Industrie in den südamerikanischen Ländern zerstören. Der Ausweg aus der humanitären und wirtschaftlichen Krise, die Covid-19 auslöst, kann keinesfalls eine weitere Vertiefung der neoliberalen Rezepte sein, die mehr öffentliche Anpassung, mehr Freihandel und Einschnitte bei den Arbeitnehmerrechten erzwingen. Das Freihandelsabkommen zwischen der EU und dem Mercosur kommt einer Vertiefung der Gründe gleich, die uns – verstärkt durch die kritische Situation der aktuellen Pandemie – überhaupt erst zu dieser Situation geführt haben.

Es ist an der Zeit, kollektive Lösungen für die soziale, politische, wirtschaftliche und ökologische Krise zu finden, die der Covid-19 sichtbar gemacht hat. Die Art und Weise, wie wir produzieren und leben, zeigt schon seit langem ihre Grenzen, so dass es heute mehr denn je dringend notwendig ist, neue Wege zu finden. Zu diesem Zweck müssen wir die gegenhegemonialen Produktionsmodelle berücksichtigen, die es bereits in mehreren Regionen der Welt gibt, die aber durch Freihandelsabkommen systematisch versteckt, verachtet und unmöglich gemacht werden. Eine Nahrungsmittelproduktion im Einklang mit dem sozialen und ökologischen Umfeld ist möglich, weil sie bereits die Grundlage unserer täglichen Ernährung ist. Jetzt müssen wir den Sprung machen, diese Produktionsform zum Zentrum einer neuen, humaneren, nachhaltigen und sozialisierten Produktionsform zu machen.

Construction of a new productive model or continuation of the capitalist pandemic?

Declaration of the Territorial Working Group on the COVID 19 crisis

The current situation has shown that the German economy, and the European economy in general, is highly dependent on international value chains. At the same time, it has demonstrated the fragility of our food production system and its direct relationship to the development of plagues that are transmitted from animals to humans. The current model of the agricultural sector exposes animal species and the environment to enormous production stress, which, combined with poor housing conditions in big cities, are the breeding ground for possible pandemics.

As  the coordination of Via Campesina Europe says: “The current globalised system has caused great dependence and fragility. After years of austerity measures and cuts, we see more than ever the need for stronger public services, especially within health care and other vital areas, so that they can deal with the serious difficulties that are occurring. Similarly, we also see that it is essential to have a secure, safe and sufficient supply of healthy and local food for the entire population.”

We see how border closures are affecting agricultural production in the country, mostly in areas near to large cities, especially Berlin and its surroundings. Nevertheless, what we don’t see is the relationship between work in the countryside and labour rights. A large part of the production is sustained by migrant workers, who perform their tasks on a seasonal basis. Not only the fields have been left without workers, these have also been left without income, without  any work in their countries of origin, mostly Eastern Europe, and without German health insurence. Income which, on the other hand, is normally low and in precarious conditions. It is also essential to point out that the current crisis is not only affecting production, due to a lack of labour, but also sales, since the usual markets and places of distribution have been closed.

The crisis of Covid-19 shows us that we cannot stop ignoring the countryside, its situation and the demands of the farmers. It is important to emphasize, that after this pandemic things cannot continue as they have been so far. The food of the people cannot be part of market speculation, just as public health cannot be in the hands of big companies that produce medicines or provide medical services. In this sense, we believe that it is necessary to consolidate and prioritize local production and distribution chains, as well as to restructure international chains fairly and democratically.

Citing the statement of La Vía Campesina in Europe puts it, it is time to highlight the central role of farmer in the production of the food we consume daily:  «In 2016, 95.2% of farms in the EU were classified as family farms. In other European countries, the percentage is even higher. In other words, Europe is full of small-scale food producers who offer a ready-made solution to the problems that worry the whole world: having healthy, local food that does not depend on the long supply chains that risk being hit so drastically by this pandemic.» Their existence, however, is threatened by the agreement, currently under discussion, between the Mercosur countries – Argentina, Brazil, Paraguay and Uruguay – and the EU.

This agreement, which has been negotiated for more than 20 years, not only threats small-scale farmers, but also endangers the territory itself, ecosystems and natural resources, as the experience of the last 30 years in Latin America teaches us. The agreement, in a few words, means a deepening of the privatization of land and all its consequences: logics of exploitation and plundering of land in search of maximum profitability, no care for the territory, the environment and the food itself -felling of forests, use of pesticides, etc.-, the accumulation of natural resources in the hands of a few and the greater precariousness of the conditions of the workers, the model of transgenic plantations, the massive use of pesticides and the production for export of commodities (the Monsanto model) has generated, since its application in Latin America, with special focus on the Southern Cone, the gradual disappearance of the local productive farmers network. This has led to an unprecedented loss of food sovereignty and security. This is the model that the large corporations of the food industry and the governments want to implement as the agrarian model of the 21st century for Europe and the whole planet. 

In consecuence, this all will go in depth of the already difficult production conditions of farmers through Europe and Latin America. In the same time, it will destroy the industry in South American countries. The way out of the humanitarian and economic crisis that Covid-19 is triggering cannot be, in any way, a further deepening of the neoliberal recipes that impose more public adjustment, increased free trade and cuts in labour rights. The free trade agreement between the EU and Mercosur is going to go in depth the reasons – exacerbated by the critical situation of the current pandemic – that led us to this situation in the first place.

It is time to find collective solutions to the social, political, economic and environmental crisis that the Covid-19 has made more visible. The way in which we produce and live, has been showing its limits for a long time, so today more than ever it is urgent to find new ways. For that, we must take into consideration the counterhegemonic production models that already exist in several regions of the world, but which are systematically hidden, manipulated and disabled by free trade agreements. Food production in harmony with both social and environmental surroundings is possible, because it is already the basis of our daily diet. Now we have to make the forward leap to make this model of production the centre of a new, more humane, sustainable and socialised model of production.