Colombia: Desde la tierra del olvido

(El año pasado, en ocasión del Mes Anticolonial 2019, recibimos este texto del compañero Manuel Rozental del proceso «Pueblos en Camino» del Cauca, Colombia. Un año después, dentro del marco del presente Mes Anticolonial, se los compartimos, convencidxs de su vigencia, potencia y pertinencia como inspiración para nuestras luchas colectivas, mucho más allá de las fronteras impuestas por el capital y por los estados.)

Cuando los indígenas descubrieron a los Europeos…
América aún no existía, ni éramos indígenas

En una calle de Ilheus, Bahía, Brasil
Día del Indio, Abril de 2012

Me han pedido que hable algo sobre Colombia. Yo prefiero decir que hablo desde acá, lo que no es lo mismo y es más exacto. Lo que hoy conocemos como Colombia, es un territorio de un millón de kilómetros cuadrados cuyas fronteras y mapa fueron, como todos los de América Latina y del mundo, producto de una fantasía Europea perversa que continúa hasta nuestros días y que conocemos con el nombre de “civilización”. Para ilustrar esto que digo y que no es un capricho, basta con unos ejemplos. Cristóbal Colón llegó a este continente que bautizaron América ignorando sus nombres ancestrales en 1492. En su viaje de regreso en lugar de regresar a España, llegó a Portugal. Los dos reinos se disputaban la propiedad del mundo que conquistaban para su provecho. Con su nave cargada de lo que traía de estas tierras no pudo ocultar su procedencia. Al enterarse del hallazgo, el rey de Portugal quiso reclamar su parte y de allí que se realizara una negociación entre los representantes de los Imperios de España y Portugal en Tordecillas, en 1493. Allí, sin siquiera conocer las tierras negociadas (que llamaron descubiertas), trazaron una línea que dividió al planeta en dos partes: la mitad para Portugal y la otra mitad para España. Ello explica el que hoy en día media América del Sur sea Brasil y la otra mitad hablante de castellano y antigua colonia de España. Un capricho le impone nombre a las tierras, dueños, leyes y razones de ser, a la misma vez que nos niega nuestro pasado, nuestra memoria, nuestros sentidos y territorios. Apropiados territorios hoy desconocidos a representantes de los saqueadores Europeos, estos empiezan a robar y a explotar a los pueblos a su gusto y beneficio, protegidos siempre por la ley humana y divina al servicio de los imperios. Las disputas entre estos saqueadores herederos y siervos de esta codicia de los reinos, dan origen a líneas artificiales que no son sino la imposición de su ficción y su afán de poder. Estas líneas divisorias eventualmente se convierten en fronteras, incluidas, por supuesto, las de las naciones que se establecen con lo que hasta hoy nos hacen llamar independencia. En realidad, los ladrones locales, patriarcales, racistas, herederos de la fe y del poder de los Europeos, los sienten como un estorbo y a nombre de la libertad de estos pueblos, liberan la tierra y el trabajo del yugo Español, para someterlos al suyo personal y encadenarse a nuevos poderes globales. Así, en estas guerras por tierras y riquezas, que son las mismas y por lo mismo, se establecen las fronteras de las naciones sur Americanas que incluyen a Colombia. Colombia era antes La Gran Colombia e incluía a Ecuador, Venezuela y Panamá, pero negocios poderosos pusieron ejércitos a pelear en su nombre y dividieron estas tierras creando estas naciones, desde un comienzo, al servicio de los poderosos y de la explotación de pueblos y territorios. Panamá, por ejemplo, fue robada a Colombia en 1910 por el gobierno de los EEUU para construir el Canal de Panamá, hacerlo de su propiedad, enriquecerse con el comercio que por allí circula entre el Pacífico y el Atlántico y poner allí la sede del Comando Sur. El gobernante de turno de Colombia aceptó a cambio de esto menos de $140 mil USD. En otras palabras, sinceramente, Colombia no existe. Es una ficción, una fantasía, una bandera, un himno, una frontera, todas al servicio de un proyecto cuyo propósito es someter territorios y pueblos negados al servicio de la acumulación egoísta de ganancias para unos pocos. Otro tanto puede decirse de los demás países y pueblos de este continente y del mundo. Hablo desde Colombia, más que de Colombia.

El principal producto de la historia de esta conquista incesante, permanente y en expansión es, en consecuencia, el olvido y las ganancias que nos roban. Pero el olvido y las ganancias se están produciendo ahora mismo, sólo que, como bien lo entendiera Rosa Luxemburg, el capitalismo (otro nombre para la invasión destinada a la producción de olvido y generación incontenible de ganancias) siempre necesita una externalidad para expandirse porque destruye los territorios y pueblos que ocupa y necesita siempre más. Por eso ella señaló que solamente cuando llegara a ocupar todo el planeta, “tal vez” entraría en su crisis definitiva. Esta espiral expansiva y destructiva recoge y resume también toda la historia de lo que ha sucedido y avanza destruyendo dentro de Colombia. La sintetizo así: Exploran, Explotan, Excluyen y Exterminan. Hasta llegar a hoy cuando, al borde de ocupar el planeta entero han generado Excedentes de Población, porque ya no necesitan a la mayoría de la gente que no les sirve como trabajo y que no puede consumir. Han generado excedentes de capital, de modo que las grandes transnacionales destruyen por necesidad a todo lo que no sea de su tamaño (pregúntenle, por ejemplo a Bayer-Monsanto). Y han causado un déficit de vida, que denominan déficit de “recursos naturales” o materias primas. En estas condiciones deben eliminar los excedentes de gente y de capital y deben apropiarse de los recursos escasos como Agua, Oxígeno, Petróleo y Fuentes de Energía y Alimentos, Biodiversidad y Minería. Entendiendo esto, es fácil reconocer esta guerra total contra la tierra y los pueblos, desde esta parte del olvido que llaman Colombia.

Hemos entrado en una nueva fase del capitalismo. Una que responde de manera racional y civilizada, es decir, violenta, asesina y enmascarada de propaganda, a la crisis del capital en su ocupación total del planeta. En Colombia deberíamos saber ya que el Capitalismo es crimen organizado: roba, mata, miente, explota para conseguir ganancias y se impone como necesario. Hay crimen organizado legal e ilegal. Ambos son capital y su propósito es acumular ganancias a toda costa y a costa de todxs. En esta nueva fase, se están estableciendo territorios controlados de manera articulada por corporaciones transnacionales legales (petróleo, minerales, material genético, agronegocio, etc.), por el sector financiero mundial (la banca multilateral y privada que vende dinero a nuestros gobiernos corrompiendo y a cambio nunca acabamos de pagar y tenemos que entregarles todo), por ejércitos transnacionales legales (controlados por y desde el Pentágono y al servicio de las transnacionales) cuyos súbditos nacionales se llaman Fuerza Pública en Colombia (ejército, Armada, Policía, etc.), por gremios, corporaciones y “clase dirigente” que tiene negocios articulados con transnacionales y de la que surge y a la que regresa en una puerta giratoria la “clase política” que cada 2 años hace elecciones para que no tengamos más opción que votar por ellos porque controlan por la fuerza del dinero, del terror o de la mentira(propaganda y sectas religiosas) cada voto que los elige. Colombia es, en síntesis, una “Democracia Genocida”, como la llamó en su libro el Padre Javier Giraldo. Con estos actores legales están coordinados (porque son ellos mismos), carteles de narcotráfico, paramilitares y toda clase de poderosos ejércitos “ilegales”. Generales, empresarios, mafiosos, banqueros, políticos, se coordinan en un territorio para garantizar el saqueo. A mucha gente la reclutan para que produzca, procese, empaque y transporte lo producido, legal o ilegal. A muchos otros los arman y les pagan para que exploten, amenacen y maten a quienes no obedezcan. Así, territorio por territorio desde Colombia y por todo el continente y más allá, avanza la ocupación de territorios en manos de unos pocos. Como siempre lo que sacan, producto del trabajo esclavo de la gente, tiene buen precio y consumidores en el norte global. Pero la guerra misma es el mejor negocio de todos. No ganar la guerra sino mantenerla, profundizarla, hacerla permanente y reclutarnos a todas y todos a uno u otro bando es el propósito definitivo. La guerra reactiva la economía, elimina excedentes y captura recursos escasos. Estamos en guerra.

Es un saqueo que va a enriquecer a los más ricos del norte y con un poco de lo mucho que consiguen así, pagan privilegios y derechos con los que maquillan y perfuman el horror para legitimarlo. En 2010, la ONU calculaba que las ganancias del narcotráfico eran de unos $430 mil millones de dólares al año, de los cuales el 70% entraba entonces a las instituciones financieras y bancarias más poderosas del mundo. Hay mucha más información, pero basta con agregar que todos los Presidentes de Colombia desde los años 70 han sido electos con dineros del narcotráfico y que la DEA y los EEUU no hacen una guerra para acabar con el narcotráfico sino para ganar con este tanto con su producción y consumo, como con la guerra que mantiene y aumenta el precio mientras avanza sobre territorios. Con la guerra desplazaron a 8 millones de colombianxs y desterraron del país a 5 millones más. Si el narcotráfico se acabara, ¿quienes perderían el 70% de las ganancias? Por eso el hombre más poderoso de Colombia, dos veces Presidente y ahora congresista y Presidente a la sombra es un reconocido narcotraficante, comandante paramilitar, mafioso, terrateniente y empresario: Álvaro Uribe Vélez. Esto y lo demás que podemos contar desde Colombia tiene que ser presentado en Colombia y el mundo de otra manera. El narcotráfico por ejemplo, anda por grandes puertos, aeropuertos, autopistas…su dinero llega a algunos de los más poderosos y respetados y decide políticas de vida o muerte, pero es presentado como algo invisible, para que lo percibamos así, como oscuro, distante, remoto, como la misma Colombia, que es como quieren que veamos el mundo del nuevo Capitalismo, siempre con máscaras de legalidad y derecho, pero en realidad la ley y el derecho, así como los estados, no son otra cosa que estructuras y dinámicas de conquista que fabrican ganancias y olvido.

Acá también nos han engañado. No sólo a ustedes allá. Sólo que la injusticia, el hambre, el despojo y la capacidad de pensar y entender se alimentan de todas nuestras memorias que habitan el olvido en que nos han convertido. No sólo hemos resistido para que nos paguen mejor en el sistema, para que no nos exploten tanto, para que el estado que nos despoja y engaña, nos de alguna asistencia en educación, en salud, en justicia y no nos reprima tanto. Por el poder del estado para estos derechos que llamábamos revolucionarios, surgieron insurgencias armadas como las FARC, el ELN, el EPL, el M-19 y otras. Firmaron acuerdos de paz con casi todas y todos los incumplieron. A muchos de quienes no se desmovilizaron de las FARC, por ejemplo, los empujaron y optaron por unirse al narcotráfico a nombre de la misma revolución por la que luchaban antes. Hoy, por eso, no podemos saber con claridad quienes nos amenazan y nos matan porque se cambian de uniforme, de discurso, de pañoleta. En Colombia el último acuerdo de paz se firmó entre las FARC y el gobierno sin el pueblo en 2016. Un mal acuerdo. Ni siquiera este lo cumplieron. Están matando a quien quiera que defienda territorios, pueblos, derechos en todo el país. A las víctimas, más de 800, las llaman “líderes sociales”. Sólo el gobierno tiene la capacidad de ubicarlas, amenazarlas y matarlas en todo el país con esa precisión, pero se enmascaran como paramilitares con distintos nombres o sicarios sin organización: es el estado.

También hemos resistido porque no queremos más estado ni limosnas, ni leyes, ni elegir políticos que entren a esa máquina que sirve a las ganancias. Nos hemos levantado, por ejemplo, en Mingas, que son prácticas ancestrales indígenas de los Andes. Una Minga es una acción colectiva que tiene prioridad sobre todo y lo que se logre con la Minga no tiene dueños. Hicimos Mingas por ejemplo contra el Modelo económico de despojo, contra el terror y la guerra que les sirven, por una legislación desde los pueblos y entre pueblos, para exigir que cumplan lo que hemos ganado luchando y sobre todo, para tejer una mochila, como nuestras abuelas, con nuestros dolores, alegrías y memorias que reemplace esa institucionalidad, ese estado, esa Colombia y sus patrones que no sirve y nunca ha servido. Nos han perseguido por eso. Hemos marchado por decenas de miles. Hemos trabajado mucho, tierras, productos, consciencias. Hemos bloqueado vías y tratado de convencer. Nos hemos tejido con zapatistas, mapuches, quechuas, afros, mujeres, obrerxs y muchas más. Nos han vencido comprando líderes y consciencias, sometiéndonos en dependencia y hambre, engañándonos como a ustedes con versiones oficiales que según aseveran, son la verdad. Hoy nos amenaza el fascismo narco-paramilitar-extractivista-transnacional y muchas hermanas y hermanos trabajan para ellos. Pero no podría amenazarnos si la gente en Colombia y en el mundo abriera los ojos y empezara a buscarnos en el olvido al que nos han destinado: Acá estamos. Llenos de historias y memorias. Hablamos muchas lenguas que no han logrado extinguir. Tenemos nuestros modos. Somos hijas e hijos de la Madre Tierra y sabemos seguir con vida y levantarnos en rebeldía y resistencia una y otra vez. En eso que llaman Colombia, que acá tiene costas, montañas, valles, selvas, llanuras, ríos, músicas, bailes y diversidades imposibles que imaginar, no nos cabe en las geografías de los estados ni la historia oficial. Por ahora, eso no más les alcanzo a contar. Si nos quieren conocer, nos vamos a encontrar luchando, más allá y mucho más acá de las fronteras con que nos nombran. Mientras nos producen como olvido, somos pueblos de y con la tierra y nos haremos libres con ella, nuestra Madre. Si acá no nos encontramos como lo venimos haciendo con las mujeres de Kurdistán, con los demás pueblos en resistencia, no tendremos futuro ni ustedes ni nosotrxs. Acá en este olvido que llaman Colombia, desde acá también seguimos estando.

Emmanuel Rozental
Pueblos en Camino
2019-08-26

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