El cupo laboral travesti trans ya es una realidad en Argentina

Por Ryan della Sala

El 24.06.2021 Argentina se convirtió en uno de los primeros países en el mundo (si no es el primero) en establecer  un cupo travesti-trans del 1% en la administración pública, así como también, incentivar la integración de personas travesti-trans en el ámbito privado. Esto implica un avance gigante en materia de derechos. Estamos hablando de poner en crisis a un sistema que arroja a las travestis-trans a la prostitución como única salida para sustentarse. Estamos hablando que a partir de la aprobación de esta ley podamos comenzar a ver y a pensar en personas trans en las oficinas de impuestos, en las recepciones, en más noticieros, atendiendo consultorios, manejando un bus….

¿Cómo llegamos a conquistar esta ley?

No podemos pensar en el movimiento travesti-trans en Argentina sin que se nos venga a la mente la imagen de Lohana Berkins o de Diana Sacayan, dos referentes del movimiento trava con una fuerte militancia comunista y abolicionista.

En la incansable lucha por los derechos de las personas travesti-trans, una anécdota que se conoce de Diana en espacios de educación popular, cuenta sobre un ejercicio pedagógico con personas cis donde las invitaba a hacer un dibujo sobre como se imaginaban a una persona trans. La gran mayoría respondía a los dibujos con personas hiper sexualizadas, polleras cortas, curvas exuberantes, cuerpos a los que se imaginaban ejerciendo la prostitución.

Cuando Diana invitaba a las mismas personas a dibujar a una persona trans masculina, estas personas quedaban anonadadas. No sabían qué dibujar, cómo dibujar, no tenían una representación simbólica, esas personas para ellxs no existían.

Con este pequeño ejercicio pedagógico se demostraba algo que sucede en la sociedad Argentina: la invisibilización y negación de ciertas identidades travesti-trans y que otros grupos sociales definidos por la identidad social y de género se ven con pocas sino un asola posibilidad de inserción laboral: la prostitución.

Es esta idea de la prostitución como única salida laboral asociada a una identidad sexo-genérica a lo que se denomina, en parte, al “sistema prostituyente”.

A su vez, sabemos que la prostitución y el trabajo sexual están fuertemente criminalizados (a nivel social y, en Argentina, contravencional). Esta criminalización se suma al estigma, el no reconocimiento institucional, la violencia policial y el muchas veces tener que huir de los hogares para poder siquiera existir por la violencia intrafamiliar. Además, para poder acceder a tratamientos médicos para transformar su cuerpo según como se autoperciben muchas personas travesti-trans entran un círculo donde el único trabajo que consiguen es la prostitución en las peores condiciones, acceden a tratamientos muchas veces precarios  y una muchas veces no pueden esperar a terminar de recuperarse sin tener que volver a salir a “hacer la calle” para poder pagar también su hogar, su día a día, los tratamientos.

Como si todo esto fuese poco, se suma la violencia callejera y policial que sufren,generando que la expectativa de vida en Argentina de una persona travesti-trans ronde los 35 años.

A toda esta violencia estructural, el movimiento de disidencias sexuales le hizo frente con auto-organización política, cooperativas, espacios de cuidados y protección mutua al mismo tiempo de un programa de reivindicaciones políticas muy claras: una ley que reconozca las identidades sexo-genéricas en todo su espectro, una ley de Educación Sexual Integral, la posibilidad de salir del sistema prostituyente así como el desmantelamiento de los códigos contravencionales que criminalizan la prostitución y al trabajo sexual.

Luchar sirve: las conquistas históricas de los últimos 15 años

La ley de identidad de género -aprobada en Argentina en el 2013-reconoce al género de las personas como el que autoperciben, esto implica además, la posibilidad de poder tener  salud pública que respalde los tratamientos (si se necesitase) que acompañen la autopercepción sin una mirada patologizante.

La ley de Educación Sexual Integral -aprobada en el 2006- para dejar de naturalizar la violencia sistemática que viven las identidades LGBT+ en la sociedad así como la posibilidad de poder educar a nuestres niñes en libertad y como política de vanguardia para la prevención de abusos sexuales.

Una ley de cupo laboral travesti trans -aprobada en el día de ayer-que de acceso a las personas trans a puestos de trabajo en contra de la sociedad prostituyente, para poder intentar que las personas trans tengan reales posibilidades de inserción laboral más allá de la prostitución.

El desmantelamiento de los códigos contravencionales que penalizan la prostitución para que tanto trabajadorxs sexuales como personas en situación de prostitución dejen de enfrentarse a la violencia policial. A su vez, que esta sea acompañada por la desmantelación efectiva de las redes de trata y el reconocimiento de los derechos de las personas que se nombran como trabajadoras sexuales.

Todas estas leyes no son menos que Derechos Humanos. Es el piso mínimo que intenta hacer frente desde los marcos legislativos a la profunda y estructural desigualdad a la que arroja el sistema hetero-cis-capitalista y patriarcal.

Es hora de reconocer el trabajo político de las travas y trans de Argentina, es hora a nivel global de conocer los métodos de organización que venimos construyendo  las disidencias sexuales en nuestro trabajo de hormiga, día a día, de los  colectivos desde abajo y a la izquierda, de manera independiente a los gobiernos y a los estados pero entendiendo que hay una disputa institucional necesaria y, sobre todas las cosas, tejiendo alianzas con otros sectores oprimidos… ¡No hay que olvidar que en las revueltas populares del 2001 fueron las travestis-trans las que estuvieron a la vanguardia del argentinazo junto a muchas mujeres cis! Es una lucha de género, de clase y contra la xenofobia y el racismo.

Berlín, Europa y la mentira de la libertad

Si bien el reconocimiento de derechos humanos básicos a personas travesti-trans, como el derecho a la autopercepción y el acceso a la medicina pública y gratuita para acompañarla, la inserción laboral, la educación sexual integral para romper con la estigmatización y la no violencia policial está legislado en Argentina (aunque no realmente implementado) no quiere decir que en el mundo la realidad sea igual.

En la Unión Europea así como muchos otros países de América Latina y el mundo- para poder acceder al “cambio de sexo” en un documento, las personas trans deben someterse a procesos absolutamente patologizantes donde psiquiatras afirmen que tienen “disforia de género”, donde la única posibilidad sexo-genérica que existe es la de este sistema binario varón-mujer. Donde las derechas fascistas siguen ganando escaños en los parlamentos y quieren atentar contra la existencia del colectivo LGBT+.

Además, es importante mencionar el hecho de que las empresas y la burocracia LGBT+ nos hacen creer que la libertad sexual es poder acceder a bienes de consumo, a cruceros, hoteles, clubes y drogas. Es divertirnos en una gran orgía capitalista donde los cuerpos delgados, blancos y europeos son la aspiración máxima de nuestras identidades.

Nos quieren hacer creer que las reivindicaciones de nuestros colectivos solo pasan por un documento, una fiesta o la hormonización. Mientras que las disidencias sexuales luchamos por una verdadera libertad. Porque la libertad implica poder acceder al trabajo, a la vivienda, a la salud y a la autodeterminación tanto sexual como corporal que incluyen por supuesto, el derecho a la fiesta, el documento y la hormonización ¡Pero no son nuestro eje!

En esta picadora de carne llamada la Unión Europea nos venden la mentira de una sociedad “abierta” a nuestras existencias cuando la única forma que tienen de darnos libertad es la libertad que conoce el neoliberalismo: La libertad de comprarnos y vendernos en el mercado, la libertad de ser objetos de consumo.

Para las disidencias sexuales, la libertad sexual no es solamente decidir con quienes tener sexo sino también cuestionarnos e intentar deconstruir los sistemas de deseo racistas, xenofóbicos, transfóbicos, gordofóbicos, etc inculcados en nuestras matrices.

Libertad sexual es que dejen de categorizarnos y asignarnos sexo según nuestros genitales o performatividad.

Libertad sexual es que mi única salida laboral no sea transformar mi sexualidad en un objeto de consumo del mercado.

Libertad sexual no es someterme a un sistema médico que me violente cuestionando mi autopercepción.

Libertad sexual es también poder vivir libre y en legalidad a donde quiera que quiera estar en el mundo.


Libertad sexual es vivir, follar, abortar y morir como cada unx quiera.

Libertad sexual es lo que vamos a conquistar una vez que nos libremos de este sistema capitalista y hetero-cis-patriarcal y, solo lo vamos a conquistar tomando a grandes referentes de nuestro movimiento como Diana y Lohana, que nos demostraron algo muy clarito: Luchar sirve y organizarse da frutos.