
Desde que Die Linke fue la fuerza más votada en Berlín1, se desplegó una campaña de agresión, odio y mentiras sin precedentes desde la unificación alemana.
Ya no solo fueron las redes sociales, a lo cual ya estamos acostumbrades, sino que las principales fuerzas políticas encabezadas por la CDU llevaron adelante una concreta política de difamación de la izquierda. Usando como argumento algún invitado a una fiesta o un comentario de un rapero en una actividad de la izquierda, para tildar al partido y a sus representantes de “mafiosos” y principalmente “antisemitas”.
Sabemos de dónde viene esto: es una nueva edición de la clásica campaña anticomunista desarrollada por el senador estadounidense McCarthy en los años 40 y 50 o la campaña mediática de terror desarrollada por las dictaduras latinoamericanas en los años 60 y 70. Más cerca en el tiempo tenemos a los gobiernos que se basan en campañas de mentiras o fake news de Trump & co (Milei, Bukele, Bolsonaro, etc.).
Esta forma de construir hegemonía busca atemorizar a la población, aterrorizarla para poder construirse como la única opción política. No es ninguna casualidad que personajes nefastos como Söder o Merz utilicen las mismas tácticas y herramientas discursivas, ya que persiguen objetivos similares.
Cuando militamos para construir una alternativa a la derecha en Berlín, sabíamos que íbamos a enfrentar este tipo de acusaciones y que, ante el terror de perder sus privilegios, iban a utilizar las herramientas que tienen a disposición, ya que lo venimos sufriendo desde que comenzamos a movilizarnos junto a sectores trabajadores, a denunciar la precariedad de la población migrante y a organizarnos en torno a la lucha palestina.
Sin embargo, este nuevo nivel de virulencia y de focalización sobre compañeres específicos de larga trayectoria barrial y popular no puede dejarnos en silencio. Les atacan porque saben de su trayectoria política cercana al pueblo y defendiendo los intereses de les que más sufren las consecuencias de la política de austeridad y la represión.
Es fundamental que todas las fuerzas políticas de izquierda y populares denuncien estas campañas, porque son el primer paso de la persecución política, que comienza con la difamación continua, con la demonización, finalizando en ataques y en discursos de odio hacia los sectores de la sociedad que interfieren con los intereses del capital. Les que venimos de países donde gobierna la extrema derecha sabemos cómo funciona este mecanismo.
Como dijimos antes, sabemos qué intereses hay detrás de estas campañas promovidas por la CDU y la derecha: los intereses inmobiliarios, la industria armamentista y el sector empresario que se aprovecha de la precariedad. Pero eso no nos va a amedrentar; conocemos sus estrategias y sus objetivos; no nos van a confundir y menos nos vamos a detener.
Nos organizamos por tener una ciudad que pueda ser vivida por todes y que enfoque sus políticas hacia los que menos tienen. Nos organizamos por un mundo que esté organizado en torno a las necesidades de las personas y la naturaleza, no en torno al capital. No nos van a frenar las amenazas de los empleados del capital.
¡Total solidaridad con Ferat Koçak, total solidaridad con les compañeres de Die Linke perseguidos mediáticamente y solidaridad total con les que luchan!

