Coyuntura actual y claves para pensar la nueva etapa de lucha y solidaridad con Palestina

Hace pocas semanas se logró finalmente un acuerdo de cese al fuego en Gaza. En los días que siguieron, miles de personas comenzaron a regresar a lo que alguna vez fueron sus hogares, buscando entre los escombros, barrios enteros reducidos a polvo por los bombardeos. El llamado “plan de paz” que se discute en estos momentos es, en el mejor de los casos, ambiguo, y en el peor, abre la puerta a la continuación del genocidio y la ocupación colonial de Palestina bajo la visión del “Gran Israel”. Lo que sí es cierto es que lo que viene será un trabajo inmensamente difícil: más de 68.000 gazatíes y cisjordanes han sido asesinades durante dos años de bombardeo, sumado a detenciones y tortura por parte del gobierno de Netanyahu. Gaza está en ruinas, y bajo los escombros aún se estima que yacen miles de cadáveres y bombas sin explotar1. Israel sigue bombardeando, bloqueando la entrada de comida, medicamentos y otros artículos de primera necesidad. Los casi dos mil palestinos detenidos en las cárceles israelíes han vuelto a casa con claras marcas de las más crueles torturas, otros cientos han muerto antes de volver. El Knesset (parlamento israelí) votó 71-13 por la anexión de Cisjordania en julio de 2025 y acaba de aprobar un proyecto de ley para extender preliminarmente la legislación israelí a Cisjordania, lo que implica una anexión de facto.
Sin embargo, hay una alegría en los días que transcurren sin el estruendo de las bombas: una alegría que no es ingenua, sino ganada. Esa pausa —aunque frágil y ya violada decenas de veces por Israel2— es el resultado de años de resistencia inquebrantable del pueblo palestino y de las decenas de miles de personas que durante décadas no se rindieron ante la represión ni ante la maquinaria mediática que intentaba imponer una única narrativa contra la resistencia. El trabajo colectivo, las campañas de visibilización y la persistencia en cuestionar los discursos oficiales contribuyeron a detener, al menos momentáneamente, el avance del exterminio directo.
Esto no implica que se haya desmontado el sistema imperialista, colonial y capitalista, ni sus centros de poder en la industria armamentística y financiera. Pero sí ha permitido desenmascarar los discursos que justifican la violencia y el horror, y abrir una grieta que atraviesa hoy el mundo entero: un camino por el que han empezado a transitar las necesarias discusiones sobre imperialismo, colonialismo y capitalismo global.
Esta lucha es sumamente popular y se dirige simultáneamente contra los aparatos estatales —y sus prácticas represivas— y contra la acumulación extrema de riqueza que beneficia a unos pocos. La lucha por una Palestina libre logró movilizar a las clases populares y a la juventud en Europa, generando prácticas de solidaridad que han ido más allá de lo simbólico: boicots económicos, bloqueos, huelgas y enfrentamientos directos con los propios opresores. La brutal violencia policial que observamos día a día abrió los ojos de miles de personas. Asimismo, la movilización popular mostró la capacidad de irrumpir el sentido común y poner en tensión relaciones económicas y políticas que en otros momentos se daban por sentadas.

Al mismo tiempo, se observó cómo los Estados cómplices del genocidio aplicaron a sus propias poblaciones —y a sus prácticas represivas internas— técnicas y discursos utilizados en Cisjordania y Gaza3. Ahora, el llamado “Plan de Paz”, impuesto por Trump, Netanyahu y los Estados árabes sin la participación del pueblo palestino, busca “pacificar” su lucha política por la autodeterminación e imponer su discurso occidental de tecnocracia. Para justificarlo se utiliza una perversión de las lecciones históricas: instrumentalizando el antisemitismo europeo para silenciar la resistencia a las prácticas coloniales y de ocupación contra un pueblo originario oprimido.
La distorsión y mentiras que fuimos enfrentando desde los medios de comunicación oficiales no dejaron duda que los estados de Europa no entienden a sus propias poblaciones como ciudadanos sino como marionetas. Lo que les importa es reproducir las imágenes y narrativas que colocan a les palestines en el lugar de la “barbarie” y el “terrorismo”, a Rusia a punto de invadir Europa, a Israel como única democracia con un lamentoso gobierno de extrema derecha, y a les migrantes— especialmente les más precarizades— como razón de todo “atraso” en Europa.
Es importante subrayar que el sionismo, en su forma fundamental, siempre se ha entendido a sí mismo como un proyecto colonial que no tiene otra salida que la expulsión, la marginación o el exterminio de la población originaria. Hoy, las élites israelíes y gran parte de la sociedad hacen explícitas sus aspiraciones territoriales coloniales —el establecimiento del “Gran Israel”. Aunque no todos los actores implicados en el plan de Gaza comparten esta visión política, sus intereses económicos y geopolíticos, dictados por Estados Unidos, están en consonancia con ese objetivo.
No depende de Hamás ni del pueblo palestino cuánto durará el silencio de las bombas. Israel puede utilizar cualquier excusa para quebrar el cese al fuego y extender su ocupación en Gaza y Cisjordania, como lo ha demostrado ya. La tregua o la pausa militar son condiciones necesarias para la vida cotidiana, la humanización y la reconstrucción; pero, a pesar de haber logrado un cese al fuego, no estamos más cerca del objetivo de una Palestina libre y soberana.
Luchar contra poderes, estructuras e intereses de esta magnitud nos debe hacer entender que se trata de una lucha larga, que sólo se ganará si logramos profundos cambios revolucionarios en Occidente. Lo que estamos experimentando es la más radical ternura de los pueblos y de las clases populares en todo el mundo levantándose de la parálisis que nos impuso el sistema, ocupando calles, universidades y océanos por un pueblo de siete millones de hermanes entre el río y el mar. Esa chispa hay que alimentarla con fuerza, constancia y unidad para volverla fuego.

Sin duda tenemos la tarea de no dejar que los muertos, los vivos, los miles de niños sin xadres y les lesionades sean olvidades; no podemos dejar que se normalice un estado de “exterminio de baja intensidad” en Gaza y en Cisjordania. Por ello tenemos que seguir con las movilizaciones por Palestina (y Sudán y Congo) pero si no están conectadas con otras luchas, no serán sostenibles en el tiempo y su alcance dependerá siempre del nivel de la brutalidad de la limpieza étnica. Si queremos llegar a romper esta realidad de fases menos y más intensivas de exterminio, lo que tenemos que hacer es construir poder aquí y unir la lucha anticolonial y por la autodeterminación de los pueblos con nuestras luchas por una vida digna en el Norte Global.
Nuestra rabia es también contra nuestros propios gobiernos que, en el marco de la crisis de acumulación, nos quieren quitar todo lo conquistado con años de lucha: nos quieren hacer pagar sus deudas y trabajar más horas, más años, por menos dinero. La crisis de acumulación global y la crisis de las economías principales de Europa en particular se hacen cada vez más palpables para las clases populares ampliamente pacificadas después de la postguerra por las políticas del estado de bienestar social. La relación Estado-Sociedad está cambiando. La lucha del pueblo palestino fue clave en el proceso de deslegitimización del Estado en su categoría moral. Aparte de sentir en el cuerpo y la mente la creciente presión económica por la subida de precios y el discurso del darwinismo social4, que pretende hacernos creer que quitarle 600 euros al mes a algunas personas va a salvar el Standort Deutschland, lo que necesitábamos para salir del estado de sumisión era reconocernos a nosotres mismos en la realidad del pueblo palestino. Reconocer, aunque sea por un segundo, la posibilidad de pertenecer a una población sobrante, una población que es una piedra en el zapato del capitalismo sionista y que por ende debe desaparecer.
Población sobrante, como los pobres- que supuestamente no queremos trabajar-, las personas con discapacidades físicas o mentales, y les jubilades pobres. 10 millones de 20 millones de jubilades están por debajo de la línea de pobreza en Alemania y son, para el CDU y el capital financiero, una población desechable. Mientras Friedrich Merz se aumenta a sí mismo el sueldo 600 euros al mes,5 ¿quién paga su sueldo?, ¿quién paga el presupuesto para la militarización, la fabricación de tanques y drones de empresas yanquis, alemanes e israelíes, que se emplean para eliminar poblaciones y apropiarse de sus tierras y recursos?

La respuesta es simple, ¡lo pagamos nosotres con nuestros impuestos! Millones de migrantes (y trabajadores alemanes) pagamos el aumento de sueldo del ex empleado de Blackrock, mientras sus discursos de odio nos dicen que arruinamos el paisaje urbano. Los invasores israelíes en Cisjordania deben pensar también que les palestines arruinan el paisaje. Pero acá existe una diferencia clave, el capital en Alemania nos sigue necesitando: incluso Merz salió a defender la migración “buena”, calmando a la gran industria que estaba angustiada por el crecimiento demográfico. Alemania tiene necesidad de nuestra fuerza de trabajo, a pesar del desarrollo de la tecnología de inteligencia artificial y la automatización.
Nuestra lucha por Palestina es la lucha contra las élites económicas respectivas y las instituciones estatales que preservan sus intereses por encima de los intereses del pueblo y las clases populares. Donde se aumenta el salario de los diputados y se corta el beneficio social, donde no hay impuesto de patrimonio, pero pagamos nosotres por la producción de armas que matan en todo el mundo. Y cada día se nos plantea con más insistencia que pronto deberíamos ponernos al servicio de estas armas y enfilarnos en el ejército para morir por una “patria” que nos dejó de ofrecer una vida digna. Por ende, nuestra lucha por Palestina debe ser parte integral de la lucha por la vida en contra de la destrucción que el 1% desencadena sobre el mundo. Porque creemos que sí es posible un mundo donde todes tengamos una vida digna, donde la creación artística y cultural florezca, donde la tecnología nos sirva a nosotres, y donde las relaciones humanas y el desarrollo humano en armonía con la naturaleza estén en el centro de nuestras aspiraciones.
La movilización de los pueblos y de las clases populares en distintos países debe transformarse en estrategias sostenibles y revolucionarias. Nosotres, desde una perspectiva migrante y popular, queremos abrir este debate y proponer los siguientes puntos que consideramos importantes para avivar el fuego de la lucha internacionalista hoy:
1. Continuar con el arduo trabajo de profundizar el cambio de la narrativa en las poblaciones europeas y en el mainstream. Entender que el proyecto colonial de Israel no se limita a gobiernos de derecha y que el antisemitismo no es lo mismo que el odio al colonizador. Esto implica seguir movilizades en las calles y los espacios cotidianos (el trabajo, las escuelas, la universidad, el vecindario), pero también implica ordenar las herramientas pedagógicas, formativas, comunicacionales y de acción directa que necesitamos, hacia dentro de las organizaciones políticas, para fortalecer nuestro trabajo político, y hacia fuera de ellas, para lograr una incidencia en la población aún no organizada. Hay que poner a la organización política revolucionaria a disposición de las mayorías.

2. Profundizar los vínculos entre las clases populares en Europa, Gaza y Cisjordania que permitan conectar las luchas históricas de les trabajadores, y crear estructuras de solidaridad internacional que puedan paliar la devastación de Gaza y contribuir a su reconstrucción en manos de les palestines. Creando un fondo obrero internacional, donde se pueda aportar entre el 1% y 10% del salario mensual para este fin. Esta tarea implica establecer canales directos entre Gaza y el movimiento organizado en Europa.
3. Mantener la demanda por una Palestina Libre en cada una de las luchas: que se convierta en parte integral de cada movimiento y marcha, de las luchas laborales y sindicales, contra la expropiación y el saqueo de la tierra, por la vivienda, por la salud y la educación, contra las medidas de ajuste estructural y el imperialismo en todos los territorios. Que una Palestina Libre y Soberana sea la bandera de todas nuestras luchas por la vida y logre permear el internacionalismo en los programas y rutas estratégicas de los movimientos sociales, organizaciones políticas y sindicatos. La lucha contra la militarización, la colonización y las zonas de sacrificio del capitalismo mundial solo pueden combatirse con grandes alianzas y encontrando puntos en común entre las luchas a nivel local, nacional e internacional.
4. Aumentar y fortalecer la capacidad disruptiva de las clases populares en la producción y en las calles. Promover acciones directas estratégicas con expresión masiva, con objetivos concretos, con planificación para lograr victorias pequeñas- pero no por eso menos importantes-, subiendo así la percepción de los movimientos sociales y su fuerza, demostrando que organizarse y luchar sirve. Apoyar las campañas estratégicas de BDS6, sin poner toda nuestra esperanza en el poder del consumo. Debemos romper con el individualismo, la pasividad y el sectarismo en la clase popular. Poner en juego toda nuestra capacidad de resistencia, esperanza y creatividad, que nadie se quede sole y aislade.
5. En Alemania y Berlín, estas prácticas de solidaridad y organización nos permitirán fortalecer la construcción del poder popular, para disputar dentro y fuera del parlamento, creando una mirada crítica y estratégica de cara al campo electoral y la reconfiguración de Die Linke hacia un partido de masas con sectores cada vez más radicalizados y con capacidad de frenar la militarización y el rearme de Alemania, en un escenario de recortes sociales y precarización de la población.
De Abya Yala a Palestina, ¡la solidaridad es la ternura de los pueblos!
¡Viva Palestina Libre!

- https://www.aljazeera.com/news/2025/10/25/gaza-returnee-places-family-tent-over-unexploded-israeli-bomb ↩︎
- https://www.theguardian.com/world/2025/oct/18/israel-has-violated-ceasefire-47-times-and-killed-38-palestinians-says-gaza-media-office ↩︎
- The Palestine Laboratory: How Israel exports the technology of occupation around the world, Antony Lowenstein, Verso Books, 2023 ↩︎
- El darwinismo social es una teoría que aplica las ideas de la selección natural de Charles Darwin a la sociedad humana, justificando la desigualdad social y económica como resultado de una “supervivencia del más apto”. ↩︎
- El año que viene habrá un aumento más de otros 600 Euros: https://www.surplusmagazin.de/merz-cdu-spd-gehalt-erhohung-tvod/ ↩︎
- https://bdsmovement.net/es ↩︎
